
De Valencia a Madrid, pasando por México, Zzoilo ha vivido la música con todo lo que conlleva. La euforia de un hit viral, la presión de la industria y momentos en los que sentía que todo se le escapaba de las manos. Su último álbum, “No soy un artista”, es un repaso a sus inicios y a las influencias que han marcado su trayectoria. Un proyecto que muestra a Zzoilo tal como es.
A: Primero que todo, ¿cómo empezaste con la música? Z: Empecé a los seis años, cuando decidí tocar el violín por una canción de El Canto del Loco. Mis padres me compraron el violín y luego llegó la guitarra. Siempre he tenido inquietud musical pero nunca había pensando en dedicarme a ello de forma profesional. En Valencia hay mucha cultura musical, todos mis amigos tocaban instrumentos y todos tocábamos los instrumentos de todos. Eso me dio un bagaje enorme de música en directo y de calle.
A: ¿Y cómo pasaste de tocar instrumentos a componer canciones? Z: Nunca me había puesto a escribir hasta que un día después de una fiesta y ciego en casa, cogí la guitarra y salió «Mon Amour.» Al día siguiente me desperté y por suerte había grabado una nota de voz. Decidí ir a ver a mi vecina, que era la que me gustaba, y cantársela. Y así nació la primera composición de Zzoilo. A: Es cierto que hay artistas que sacan varios temas y ninguno termina pegando pero tú lanzaste uno y pegó el boom. Z: La verdad que sí. Es extraño, radical y da bastante miedo.
A: ¿Y cómo surgió la colaboración con Aitana? Z: Pues tal cual es la foto de perfil de la canción. Aitana subió la letra a Twitter y yo con mi cara dura y sin esperar nada le escribí por Instagram. A los dos minutos tenía un direct de ella y yo en mi cuenta de Instagram con 300 seguidores y fotos haciendo el canelo. El lunes me planté en el estudio en Madrid y grabamos el remix. A los 10 días dejé la cocina y me vine a Madrid.
«Me mudé a Malasaña y mi armario era Fuencarral. No miraba nada y tampoco pedía factura de absolutamente nada. Luego llega Hacienda y te dice que la mitad de todo lo que has ganado es mío.»
A: ¿Cómo gestionaste el éxito? Z: Con mucha ayuda, mucho psicólogo y psiquiatra, yendo mucho a casa, hablando mucho con mis amigos y sin quitar los pies del suelo. Fue complicado y en más de un momento los perdí y se me fue la cabeza. Gasté sin control, me arruiné dos veces, perdí amigos, me enfadé con mi familia. Venía de ser cocinero y no tenía idea de Hacienda, del IVA o de ser autónomo. Vivía el momento y luego Hacienda me pedía la mitad de lo que ganaba.
A: ¿Qué has aprendido de esta etapa? ¿Qué errores crees que ya no vas a volver a cometer? Z: No tener un abogado y un gestor. Todo lo demás es disfrutar lo que haces y no dejar que te digan cómo vivir tu música. Y cuando dejas de disfrutarlo, no hacerlo y ya está. No seguir porque te digan que sigas. Aprendí que no debía dejar de ser yo y que tenía que trabajar en la música sin dejar que la fama me cambiara.
«Es imposible replicar un Mon Amour, es imposible mantener ese ritmo durante toda tu vida.»
A: Luego te fuiste a México y volviste a cocinar. ¿Qué pasó? Z: Necesitaba recuperar el control sobre mi vida. Antes de la música, trabajaba en el restaurante de mis tíos, donde era casi un jefe más. Yo decidía cómo iba el equipo, cómo funcionaba todo. Y de repente llego a Madrid a dedicarme a la música, una industria que no tengo ni idea de cómo funciona. Además de la industria, mi manager y mi equipo me dicen lo que tengo que hacer, dónde tengo que ir, lo que tengo que cantar y dónde lo tengo que cantar. Perdí durante tres años las riendas de mi vida y el control de lo que quería hacer. Todo cambió por un parón obligatorio, gracias a una discográfica que me bloqueó y no me dejó sacar más música. Digo gracias porque al principio lo veía como una jodienda pero luego fue algo maravilloso de lo que aprendí mucho.
Descubrí que tenía que volver a coger las riendas, a decidir yo lo que quería hacer. Entonces, qué mejor forma de volver a la cocina y mezclarlo con la música. Un amigo y yo nos fuimos para México, con una mano delante y otra detrás, para conocer la gastronomía, cocineros y artistas. Y ahí estuvimos. La verdad que fue un proyecto muy chulo en el cual me animé otra vez y perdí el miedo a hacer lo que yo quería hacer. Y ahí es cuando compuse el álbum nuevo, «No soy un artista».

“Volver a la cocina me permitió recuperar el control y el sentimiento de libertad. Poder hacer lo que me dé la gana sin prestarle atención a lo que la gente quiere que haga o mi equipo me obligue a hacer.”
A: ¿Qué buscas transmitir con este álbum? Z: «No soy un artista» es literalmente lo que me hubiera encantado sacar antes de «Mon Amour». Es como me imagino una carrera artística desde el principio. No es un álbum que busque entrar en listas ni reproducciones. Es un álbum que quiero cantar delante de diez personas. No he cantado delante de diez personas en mi vida. No he hecho salas pequeñas. No sé lo que es no vender un solo ticket. Y con este álbum busco eso en concreto. Busco empezar de cero, volver al principio. No desde lo más alto porque al final es no sostenible.
A: ¿Y qué significa para ti el título de «No soy un artista»? Z: Nace de querer mostrarme al mundo como el Zzoilo con una Z y no el artista de éxito al que todo le va muy bien. Es una forma de normalizarme y de hacerme vulnerable ante un público que espero que utilice eso en mi contra. Que vayan a por mí, que me conozcan. Que si se meten conmigo, se metan con fundamento. Pero que a la par, si me escuchan, sea por quien soy y no por quien han creído que era. Lo que busco es ser normal y corriente y no tener una careta de artista.
«El disco empieza contando quién soy y cómo me veo. Luego habla de cómo veo el amor y cómo influye en mi vida a la hora de hacer mis canciones. Pero básicamente es la historia de quién soy, quién fui y quién quiero ser.»
A: ¿Cuánto tiempo te llevó hacer el álbum? Z: Estuvimos Liam Garner, que es el productor del álbum y yo un mes encerrados. Desde las 3 de la tarde que solíamos quedar hasta las 6, 7, 8 de la mañana que nos quedábamos del día siguiente. Y ahí estuvimos dos frikis buscando sonidos y rompiéndonos la cabeza con frikadas nuestras.
A: ¿Y quién fue la primera persona que escuchó el álbum? Z: Mi padre. Siempre me gusta mandarle las canciones y me da el visto bueno o no. No tiene ni idea de música pero tiene mucha cultura musical. Me ha enseñado artistas como Rosalía y canciones que yo no me imaginaría nunca que mi padre escuchaba. Le mandé el álbum, le gustó mucho y dije pues ya está, terminado. A: Osea que al final tu padre ha sido como una influencia para ti a nivel musical. Z: Mucho. A nivel vital en general. Me encantaría ser la mitad que él. Es mi mayor referente y la persona que más admiro. Le considero mi mejor amigo casi.

«Me apetece mucho subirme a un escenario con una banda clásica de dos guitarras, batería y voz. Y a rock and roll, sin autotune, sin arreglos, sin absolutamente nada.»
A: ¿Va a haber gira? ¿Tienes fechas confirmadas? Z: Este año empezamos el 25 de abril en Valencia, en Cuart de Poblet. El primer concierto de este año y de momento no sé más porque no me gusta saberlas con mucha antelación. Tengo ganas cantar en salas pequeñas. En garitos donde se escuche mal y cantar a pie de pista con la gente. Sentir el sudor de la primera fila. Que la experiencia sea íntima. Los festivales llegarán pero quiero volver a esa conexión directa. Es lo que más ganas tengo.
A: ¿Estás trabajando ya en tu próximo proyecto o te estás tomando un descanso? Z: No, nunca descansamos. Al final para mí componer y hacer canciones es mi ocio. Ir al estudio con productores no es trabajo, es como juntarme con un colega a hacer canciones. Entonces sí, estamos trabajando en todo lo que viene nuevo este 2026. En abril, antes del primer concierto, sacaremos nuevo sencillo y cada mes y medio una canción nueva hasta que me dé por sacar otro álbum.
A: ¿Va a seguir la misma línea de tu último proyecto? Z: No, va a ser completamente distinto. No me gusta encasillarme en algo. Me canso muy rápido de un estilo o de un sonido. Cada día escucho algo completamente nuevo. No sé escuchar un mismo estilo durante mucho tiempo. Estamos yéndonos otra vez al principio, a lo que escuchaba cuando era pequeño. Al sonido pop rock del 2009 del Canto del Loco, Pereza, Estopa, etc. Me apetece mucho subirme a un escenario con una banda clásica de dos guitarras, batería y voz. Y a rock and roll, sin autotune, sin arreglos, sin absolutamente nada. A: ¿Qué es lo último que has escuchado en Spotify? Z: Lo último que he estado escuchando ahora mismo es MGK pero el MGK del 2015 cuando era full rap.
A: ¿Cómo te ves dentro de cinco años? Z: No me imagino con más de 30, 35 años estando en el foco. Me imagino llevando a artistas emergentes, componiendo para otra gente, componiendo cuando me apetezca para mí. Pero sin tener que luchar por un objetivo sino simplemente hacerlo por placer y cuando me apetezca.
A: ¿A qué artista te gustaría componerle un tema? Z: Pues me encantaría componerle un tema a Leiva. Muchas veces he hecho el ejercicio de componer como si fuera otro artista y siento que componer como Leiva me queda muy bien. Han salido ideas muy chulas pero por mucho que he intentado que le lleguen no le llegan nunca. Tampoco creo que las quiera, porque él es un compositor espectacular y dudo que cante canciones de otros.
La música de Zzoilo nace del amor por lo que hace y de la valentía de tomar sus propias decisiones. Con «No soy un artista«, deja claro que lo verdadermante importante es la autenticidad y conectar de forma sincera con quienes te escuchan.
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