#REVIEW: LUX. Rosalía y un disco que redefine lo que significa ser artista

Featured image for “#REVIEW: LUX. Rosalía y un disco que redefine lo que significa ser artista”
5.0 out of 5.0 stars

Rosalía ya no compite con nadie. Ni con el pop, ni con el flamenco, ni con su propio mito. LUX no es un disco: es un manifiesto artístico que reescribe lo que significa ser una estrella global en 2025. Y aunque viene firmado por una catalana que empezó estudiando cante jondo, lo que escuchamos aquí es algo que trasciende etiquetas. Es música hecha para mirar al cielo con auriculares puestos.

Un salto al vacío (y a la eternidad)

Tras el caos controlado de MOTOMAMI, donde mezcló reggaetón con ruido digital y trap con bulerías, Rosalía se ha tirado al abismo de lo inasumible. LUX es una ópera contemporánea dividida en cuatro movimientos, cantada en 13 idiomas, grabada con la London Symphony Orchestra y llena de referencias religiosas, filosóficas y emocionales que solo alguien sin miedo al ridículo se atrevería a plantear. Pero es precisamente eso lo que la convierte en pionera: donde el pop actual busca complacer, Rosalía exige. No quiere streams, quiere fe.

El resultado es un álbum que rompe el molde del pop comercial, pero sin perder la tensión entre lo terrenal y lo divino. Aquí hay drum’n’bass, glitch, fado, spoken word y liturgia. Todo lo que parecía incompatible, ella lo convierte en lenguaje propio.

Berghain elevado a los cielos

El primer single, “Berghain”, fue una advertencia: Rosalía ya no entra al club, lo consagra. Con BjörkYves Tumor y la Orquesta Sinfónica de Londres, la canción fusiona lo sagrado y lo profano hasta borrar la línea entre ambos. Aquí Rosalía se mueve entre ambas fuerzas con una intensidad teatral que recuerda más a una misa futurista que a un hit de Spotify.

Cada tema del disco tiene su propio universo:

  • Porcelana”, medio en japonés, medio en español, combina cuerdas cinematográficas con percusión industrial.
  • Mio Cristo”, en italiano, cierra su primer movimiento con un falsete que roza la plegaria.
  • La Perla”, probablemente dirigida a Rauw Alejandro, suena dulce pero lanza dardos: “medalla de oro en ser un cabrón, terrorista emocional”.
  • La Rumba del Perdón” devuelve a Rosalía al flamenco desde lo ancestral, pero con un aire de redención.
  • O «De Madruga«, que regrabada para la ocasión, nos trae de sorpresa unas frases en Ucraniano.

Entre lo clásico y el caos

LUX no se escucha, se atraviesa. Su estructura recuerda a una sinfonía, pero con los códigos de una rave. A ratos parece Björk; a ratos, late con la misma épica que Goldie llevó al drum’n’bass en los 90: beats frenéticos envueltos en cuerdas que parecen rezar. Y en otros momentos, es puramente Rosalía, con esa mezcla de vulnerabilidad, teatralidad y control absoluto. Cada idioma funciona como un instrumento nuevo, como si su voz se multiplicara en distintas dimensiones.

Lejos de ser una pose intelectual, hay emoción real: el álbum está lleno de risas grabadas, respiraciones y pequeñas imperfecciones que humanizan su monumentalidad. Ese equilibrio entre lo divino y lo visceral es lo que convierte LUX en una experiencia que solo ella podría haber firmado.

Un riesgo necesario

Mientras la industria sigue repitiendo fórmulas, Rosalía ha entregado un disco que desafía la pasividad del oyente. En tiempos donde los algoritmos dictan el ritmo, ella pide atención. Escuchar LUX es volver a implicarse, sentir que la música todavía puede ser arte y no solo consumo.

Y es que una obra así exige abandonar los prejuicios. Pero lo recompensa con un universo sonoro tan ambicioso que parece venir de otro planeta.

Conclusión

LUX no es para todos, pero es para quien todavía busca que la música te sacuda el alma. Es el tipo de proyecto que redefine lo que entendemos por pop, el punto exacto donde la vanguardia se convierte en emoción pura. Rosalía no solo ha hecho el álbum más arriesgado del año: ha hecho historia.

Y ahora solo falta que lo presente en directo — porque una obra así no se grita en estadios, se revela en teatros. Solo allí, entre la penumbra y la reverberación, LUX podría desplegar toda su grandeza: un espectáculo hecho para ser escuchado, no simplemente visto.

Michaels Mads
Compartir:

Sigue leyendo...