
Aitana abrió el viernes 11 de septiembre sus conciertos en el Movistar Arena de Madrid con una propuesta que sabe cómo contentar a sus fans. Cuarto Azul World Tour tiene canciones, un vestuario cuidado y suficientes momentos para que el público salga satisfecho. También deja la sensación de que, después de lo conseguido con sus conciertos en estadios, la cantante ha preferido asegurar.
Es una gira cómoda dentro de sus propias posibilidades. Hay mucho trabajo detrás, eso está claro. Pero el despliegue no siempre se traduce en novedades y durante buena parte del concierto cuesta encontrar algo que altere lo que ya esperamos de Aitana.
Cuarto Azul llega a Madrid con la habitación puesta
El escenario reproduce un dormitorio dentro de una estructura de dos plantas. La cama ocupa un lugar protagonista y Aitana aparece tumbada para comenzar con 6 de febrero. Después llega Segundo intento y, muy pronto, la primera sorpresa de la noche: Jay Wheeler sube para cantar Duele un montón despedirme de ti.
La elección del dormitorio tiene sentido con las canciones del disco. Permite llevar al directo ese espacio al que Aitana vuelve para hablar de sus rupturas y de lo que le cuesta desprenderse de ellas. Cuarto azul y Cuando hables con él son las que mejor justifican el decorado. Hay menos distracciones y se puede prestar atención a lo que está cantando.

Fuera de esas canciones, la habitación acaba funcionando principalmente como un fondo bonito. Podría intervenir más en el desarrollo del concierto, pero la propuesta se conforma bastante pronto con enseñárnosla. El formato sigue siendo reconocible: un bloque emocional, otro de baile, agradecimientos y vuelta a empezar.
Aitana reconoce que está nerviosa. También habla de Madrid, donde lleva nueve años viviendo, y agradece sentirse en casa. Es fácil entender por qué el público le tiene cariño. Tiene una manera de hablar con sus seguidores que hace que incluso un discurso ante miles de personas pueda resultar cercano.
Los looks de Alba Melendo acompañan el cambio
El estilismo corre a cargo de Alba Melendo, que también ha trabajado con Bad Gyal. Su aportación merece espacio porque el vestuario ayuda a distinguir esta etapa de Aitana: el romanticismo de las prendas encaja con el dormitorio, mientras las coreografías permiten llevar esos mismos looks hacia un terreno más sensual.
El conjunto en blanco y azul del viernes mantiene esa relación con el título de la gira sin resultar ajeno al espectáculo. Se nota que hay una propuesta de vestuario pensada junto al resto de la producción.

La imagen ha cambiado respecto a alpha. Sin embargo, cuando llegan Los Ángeles y miamor, el concierto vuelve a una Aitana que conocemos bien. El baile de esta última, con el añadido de Toxic de Britney Spears, sigue siendo uno de los momentos que más expectación despiertan.
Lo que hace unos años generaba discusión ahora es una parte esperada del show. Aitana se mueve con soltura en ese registro, aunque esta gira tampoco lo lleva mucho más lejos. A estas alturas se le puede pedir alguna idea nueva.
Un repertorio que deja poco espacio a la sorpresa
Cuarto Azul tiene el peso principal en el setlist, con canciones de los discos anteriores que aseguran la respuesta del público. Vas a quedarte conserva su sitio entre las baladas y Mon Amour vuelve a cumplir su función cuando toca levantar el concierto.
Entre medias aparece Igual, compartida con los asistentes fuera del repertorio previsto. Es un detalle pequeño, pero se agradece que durante un rato cambie el plan. También la bajada a la pista en Desde que ya no hablamos permite que el encuentro con los fans tenga algo más de recorrido que un saludo desde el escenario.
La falta de riesgo se nota en la suma de decisiones. El repertorio reúne lo que funciona, las coreografías recuperan los recursos más reconocibles y los momentos de intimidad llegan donde cabe esperarlos. Ninguna de esas elecciones estropea el concierto. Juntas hacen que esta gira parezca más interesada en mantener el nivel que en probar hasta dónde podría llegar.

El tramo final deja La chica perfecta, Conexión psíquica y Superestrella. Con ese cierre es difícil que el Movistar Arena se enfríe. Aitana tiene ya un catálogo que le permite terminar así, con miles de personas cantando y pocas dudas sobre su capacidad de convocatoria.
Queda por ver qué hará con esa seguridad. El viernes, de momento, prefirió quedarse en lo que sabe que gusta.
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