
El pasado 20 de mayo asistimos a la primera edición de Forbes House Music Industry Talks, celebrada en la Forbes House de Madrid. Una jornada que reunió a algunos de los principales representantes de la industria musical española para analizar los desafíos, oportunidades y transformaciones que están definiendo el presente y el futuro del sector. A través de las diferentes mesas de debate y encuentros con profesionales, el evento fue un punto de encuentro para reflexionar sobre una industria en uno de los momentos de mayor crecimiento. Estas fueron algunas de las principales conclusiones que dejó el encuentro.
Ya no tiene sentido hablar únicamente de la industria discográfica
Uno de los aspectos más interesantes del programa fue el debate respecto a la evolución del mercado musical y cómo la música ha dejado de comercializarse exclusivamente como un producto para convertirse en un activo de consumo a través de múltiples fuentes. Merchandising, experiencias exclusivas, licencias de catálogo e incluso formatos físicos como el vinilo han crecido con el paso de los últimos años. Sin embargo, esta transformación no siempre es señal de innovación. Responde a una necesidad provocada por las limitaciones del propio modelo digital.
Ciertos discursos celebran el streaming como el gran salvador de la industria tras la crisis provocada por la piratería pero estas nuevas fuentes de ingresos parecen evidenciar lo contrario. Si las reproducciones digitales fueran realmente suficientes, no existiría una necesidad de convertir cada estrategia artística en una oportunidad comercial. El crecimiento de las plataformas ha beneficiado al mercado pero no ha mejorado las condiciones económicas de la mayoría de artistas. Sigue existiendo una gran diferencia entre el dinero que mueve el sector y lo que realmente llega a sus creadores. Mientras las plataformas acumulan millones de usuarios y las cifras globales crecen cada año, gran parte de los artistas siguen teniendo dificultades para vivir exclusivamente de la música y poder desarrollar su carrera profesional. Pese a estas condiciones precarias, el artista no solo debe crear. Debe seguir construyendo una marca personal y vender experiencias para adaptarse a las carencias del modelo actual de negocio.
Por todo esto, el debate sobre la transparencia en el reparto de ingresos sigue siendo tan importante. La cuestión no es solo cuánto dinero genera la música digital sino quién se beneficia realmente de ella. Debemos cuestionar hasta qué punto el crecimiento del sector se traduce en una distribución más justa. Nunca antes había sido tan fácil escuchar música y resulta casi irónico que sea tan difícil que se garantice una viabilidad económica para los artistas. El acceso se ha democratizado pero el beneficio parece haberse quedado atrapado lejos de quienes la crean.

Otro de los temas que surgieron durante la conversación fue la internacionalización de los artistas españoles. España vive uno de los momentos más álgidos en términos de creación musical, consolidándose como uno de los mercados musicales más activos de Europa. Hay talento, volumen de proyectos y una capacidad constante de generar propuestas propias y diferenciadas. Sin embargo, varios participantes señalaron que este crecimiento no siempre se traduce en una expansión global. La internacionalización sigue siendo una de las grandes asignaturas pendientes de la industria española. A pesar de contar con artistas capaces de acumular millones de reproducciones y llenar recintos de gran capacidad, gran parte de ese éxito sigue concentrándose en el mercado nacional.
El directo como nuevo motor económico
Otro de los grandes puntos de las charlas fue el negocio de los conciertos y festivales. Forbes destaca que el mercado español del directo supera ya los 725 millones de euros de facturación anual y está viviendo el mayor crecimiento de su historia. Sin embargo, es inevitable cuestionar qué espacio queda para las salas independientes y los espacios emergentes en un modelo donde la rentabilidad depende cada vez más de llenar grandes recintos.

El incremento de los costes energéticos, los gastos de personal y de producción han cambiado por completo la economía de las salas. En muchos casos, la venta de entradas ya no basta para cubrir lo básico y estos espacios se ven obligados a buscar fuentes de ingresos complementarios. El éxito de un concierto ya no depende exclusivamente de la música o de la capacidad de convocatoria del artista sino de la experiencia completa que rodea al evento. La sala deja de ser un espacio cultural donde los artistas antes construían su primera comunidad y desarrollaban su trayectoria para convertirse en un negocio que se mide más por márgenes ajustados que por una programación. Importa más cuánto se consume dentro, cuánto tiempo se ocupa el espacio y cómo se rentabiliza cada evento. A esto se suman factores como la presión inmobiliaria y la gentrificación en las grandes ciudades que están obligando a relocalizar las salas debido al incremento progresivo de los costes de mantenimiento hasta expulsarlos del centro urbano.
La sostenibilidad económica de las salas depende de las barras. Un reciente análisis publicado por «El Salto» plantea que lo que determina la rentabilidad de muchas salas no es únicamente el aforo sino el consumo en barra
Pese a todos estos problemas, lo que se condena es el cambio de hábitos de consumo entre los jóvenes. Se cuestiona si consumimos menos dentro de las salas o si existe una desconexión generacional con estos espacios como si el problema estuviera en nuestro comportamiento y no en el contexto que lo determina. Rara vez nos preguntamos si realmente los jóvenes podemos permitirnos acceder a estos espacios. Y no solo en términos de una entrada o una consumición. En un contexto donde la vivienda se ha vuelto inalcanzable, donde el coste de la vida sube de forma constante y donde gran parte de los jóvenes viven con un presupuesto más reducido, el ocio deja de ser una elección libre para convertirse en una decisión permanentemente condicionada. Cada plan compite con el alquiler, la subida de la luz, la cesta de la compra y una incertidumbre ya asumida entre todos. Salir ya no es solo salir como lo hacían nuestros padres.
Las marcas ya son actores de la industria musical
El programa también destacó el protagonismo de las marcas dentro de estos espacios. La presentación del informe Pulso, elaborado a partir de más de 7.800 entrevistas, pone de manifiesto que la música en vivo se ha convertido en una herramienta estratégica para las empresas. Los festivales y conciertos ya no son únicamente eventos culturales, son plataformas de construcción de comunidad, identidad y posicionamiento de marca. Durante décadas las marcas patrocinaban música. Actualmente, forman parte activa de la experiencia y contribuyen directamente a financiarla. La monetización ya no depende únicamente del consumidor que compra una entrada sino también de los socios comerciales que desean asociarse a determinados valores culturales.

Entre las aportaciones, fue interesante la participación de Repsol, cuya presencia en festivales y grandes eventos musicales podría parecer alejada de la actividad propia de una compañía energética. Sin embargo, se puso de manifiesto cómo las marcas han pasado de ser simples patrocinadores a convertirse en intermediarios que ayudan a diseñar y mejorar la experiencia del asistente. Esta reflexión conectó con la intervención de Ramón Martín, codirector de Noches del Botánico, quien explicó algunos de los desafíos que implica gestionar un evento que se celebra en un entorno natural singular y que año tras año incrementa su aforo. La integración de marcas debe responder a criterios de sostenibilidad y adaptación al entorno, evitando que la experiencia del público y el valor del espacio queden condicionados por la publicidad, cuando en realidad debería ser la publicidad la que dependa de ellos.
La charla dejó una conclusión clara. El éxito de una marca en su presencia en festivales no depende de ganar mayor visibilidad, sino de integrarse mejor en la experiencia cultural y entender qué puede aportar realmente. Las empresas que consigan aportar valor real al público y al evento serán las que encuentren un hueco en estos espacios.

El descubrimiento artístico se ha digitalizado
La mesa dedicada al management probablemente refleja mejor que ninguna otra cómo se desarrolla hoy en día el talento y cómo se detecta quién posee capacidad para construir una marca sostenible en un mercado saturado de contenidos, donde captar la atención es cada vez más difícil y la sobreoferta no deja de aumentar. Uno de los cambios de los que más se habló fue la forma en que se detecta el talento. Durante décadas, buena parte de la industria encontraba a sus futuros artistas en pequeñas salas y escenarios donde podían demostrar su capacidad para conectar con el público. Actualmente, gran parte de ese proceso se realiza a través de las plataformas digitales. La actividad en redes sociales, el crecimiento de una comunidad o la viralidad de un contenido pueden tener tanto peso como la calidad de una actuación en directo.
Este fenómeno ha dado lugar además a una nueva generación de artistas que consideran que no necesitan representación en las primeras etapas de su carrera. Las herramientas digitales permiten distribuir música, gestionar redes sociales, negociar colaboraciones e incluso organizar giras de manera relativamente autónoma. Muchos creadores perciben que pueden asumir por sí mismos funciones que tradicionalmente desempeñaban managers, agencias o sellos discográficos. Sin embargo, varios de los participantes señalaron que esta aparente independencia también tiene límites. A medida que crece la audiencia, aumentan las oportunidades comerciales y las necesidad de una estrategia. Gestionar contratos, coordinar equipos, desarrollar acuerdos de marca, planificar giras o construir una carrera internacional exige conocimientos y recursos difíciles de asumir en solitario. Por su parte, más que desaparecer, el management está desarrollando su función hacia tareas de planificación a largo plazo y un desarrollo de negocio.
Paco López, presidente de la Asociación de Representantes Técnicos del Espectáculo (A.R.T.E.), afirmaba que esta transformación explica por qué muchas carreras artísticas parecen más breves y volátiles que en décadas anteriores. Las plataformas digitales permiten alcanzar niveles de visibilidad en muy poco tiempo pero también generan una competencia permanente por la atención del público. La velocidad con la que aparecen nuevas tendencias y nuevos artistas hace que mantener la relevancia resulte cada vez más complicado. Un éxito viral puede generar millones de reproducciones en cuestión de semanas pero no construir una carrera sostenible y duradera.

¿Hacia dónde se dirige la industria musical?
Los debates planteados dentro del programa de Music Industry Talks muestran una industria en la que la música sigue siendo el motor de negocio pero ya no es ni de lejos el único factor que determina su éxito. La figura de la discográfica ha quedado atrás pero lo que la sustituye no es un modelo más claro. Actualmente, el poder se reparte entre plataformas, marcas, fondos de inversión, tecnológicas y una red cada vez más amplia de intermediarios que toman decisiones sin estar necesariamente cerca de la música.
El resultado es una industria más inestable y difícil de controlar desde la propia creación. Existe más dinero y más oportunidades pero esto no se traduce en mejores carreras para los artistas. La viabilidad del artista sigue dependiendo de factores externos que poco tienen que ver con la música. La capacidad de generar cifras en plataformas, como encaja en estrategias de marca, etc. El resultado es una industria menos centrada en el valor real de un proyecto y más condicionada por una rentabilidad económica.
Si el negocio ya no depende de la música sino de todo lo que se vende alrededor quizás el problema es que la música ha dejado de ser el fin para convertirse en un medio más
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