
La edición de 2026 estuvo marcada por el quinto aniversario del propio festival y los diez años de La Vendición, el colectivo y sello discográfico fundado por Yung Beef, fundamental en la creación y evolución de la música urbana en España. Esta edición también suponía una prueba de fuego para la organización.
No solo existía el desafío de corregir los problemas logísticos y de programación que aparecieron durante la edición anterior sino también el estar a la altura a unas expectativas cada vez mayores. El resultado fue una edición coordinada que tras cinco ediciones sigue demostrando que todavía puede seguir creciendo sin perder aquello que lo distingue.
DÍA I: VIERNES, 26 DE JUNIO 2026
El escenario Ron Montero Lujuria abrió sus puertas con El Junco, referente de la rumba española desde los años ochenta e icono nacional. Su presencia en el cartel lejos de sentirse fuera de lugar, volvía a demostrar una de las grandes virtudes del Infierno. Juntar artistas que en un principio no tienen demasiado que ver y conseguir que todo cobre sentido, rompiendo con cualquier prejuicio o barrera entre estilos.
El regreso a los escenarios de PXXR GVNG, uno de los grupos más influyentes en la escena del trap era sin duda uno de los grandes reclamos de esta edición. Más de una década después de cambiar para siempre las reglas de la industria y la forma de hacer música, Yung Beef, Kaydy Cain y Khaled salieron al escenario recordando que hay proyectos cuya influencia no necesita ser reivindicada constantemente porque sigue dejando huella. Todos siguen ocupando su sitio dentro de la escena sin depender únicamente de lo que hicieron hace diez años.
A lo largo del concierto, hubo espacio para los temas más conocidos que marcaron a toda una generación pero también para temas menos habituales que sorprendieron especialmente a quienes llevan años siguiendo su trayectoria. El concierto terminó alargándose más de lo previsto y se convirtió en uno de los momentos más multitudinarios de toda la jornada. El cierre con “Tu coño es mi droga”, acompañado por un espectáculo de fuegos artificiales, dejó una de las imágenes más memorables del viernes y confirmó que el legado de PXXR GVNG permanece vivo tanto sobre el escenario como en toda una generación de artistas que directa o indirectamente han influenciado.

Precisamente ese retraso tuvo consecuencias en la programación posterior y Rosa Pistola acabó viendo reducido su tiempo de actuación. Una decisión que respondía a la intención de la organización de mejorar los desajustes que marcaron la edición anterior pero que dejó una sensación agridulce entre quienes esperaban uno de los sets más interesantes de la noche. Aún con menos margen del previsto, la mexicana consiguió mantener la energía de la pista de principio a fin con una selección impecable de reaggeton y perreo que confirmó por qué sigue siendo una figura clave para entender la expansión internacional del sonido latino. Su set merecía más recorrido y la sensación no fue la de un cierre sino la de una actuación interrumpida antes de demostrar todo su potencial justo cuando estaba alcanzando su mejor momento.
En el escenario Jägermeister Limbo también se produjeron algunos de los momentos más destacados de la fecha. Main Costa sorprendió con uno de los mayores aforos de su carrera, reflejando la evolución que ha experimentado durante el último año y el impacto en crecimiento tras su último disco «UGLY TRAP BETTER». También destacó Lawakely que a pesar de su corta trayectoria, su actuación confirmó las expectativas de que puede convertirse en una artistas con proyección en los próximos años.

La actuación más destacada del día llegó con Omega El Fuerte, pionero del merengue dominicano y una de las figuras más influyentes de la música caribeña de las últimas dos décadas. El artista ofreció el concierto con mayor conexión emocional con el público. Su capacidad para alternar clásicos e improvisaciones convirtió la pista en una escena viva. Fue también el concierto donde mejor se percibió la diversidad generacional y cultural que caracteriza al Infierno Festival. Frente al escenario, compartían espacio seguidores del trap y del dembow, cayetanas disfrutando de la música popular dominicana y un público de diferentes contextos y edades, al ritmo de bachata, merengue y algunos de los éxitos más reconocibles de Omega con los que muchos hemos crecido. La energía que generó durante su actuación resultó inigualable comparado al resto de las dos jornadas.

Del cierre se encargó Leo RD, una de las figuras más representativas del dembow dominicano. Desde su estudio en Santo Domingo ha contribuido a llevar sonidos originarios de los barrios a una audiencia global. A lo largo de la madrugada fueron sonando algunos de los temas que han definido su trayectoria, desde éxitos de Tokischa hasta producciones relacionadas a artistas nacionales como Bad Gyal y Rosalía que han ayudado a acercar estos sonidos al público internacional. Su actuación confirmó la presencia del género dentro de la identidad del festival. Fue un cierre coherente con el espíritu de una jornada marcada por sonidos caribeños y de su conexión cada vez más evidente con la escena española.
Otra de las novedades más acertadas fue la incorporación del escenario en colaboración con Burn, bautizado como Infierno Club. Este nuevo espacio amplió la oferta musical del festival y ofreció una alternativa a sesiones y propuestas que encajaban mejor en un formato más estilo club. También ayudó a repartir mejor al público a lo largo del recinto, evitando concentraciones masivas en los escenarios principales. A nivel estético, también fue uno de los espacios más llamativos del festival. Los coches equipados con sistemas de sonido situados dentro del propio escenario, en colaboración con Motorfest Motril, daban la sensación de estar entrando en un espacio diferente al resto del recinto y que conecta directamente con la cultura que hoy llena festivales.

Antes de los recintos y los patrocinadores estaban los aparcamientos, las plazas, las gasolineras, los polígonos y concentraciones donde la música sonaba desde el maletero de un coche hasta la madrugada. Espacios donde el equipo de sonido era tan importante como la propia música. Esta incorporación es un reconocimiento a una cultura que rara vez aparece representada correctamente en los grandes eventos musicales (exceptuando la escena electrónica). Su estreno fue uno de los grandes aciertos y cuesta imaginar próximas ediciones sin su presencia.
DÍA II: SÁBADO, 27 DE JUNIO 2026
Si la primera jornada confirmó que el Infierno había corregido gran parte de los errores de ediciones anteriores, la segunda demostró porque sigue siendo uno de los festivales con más personalidad del panorama actual. No por traer artistas prácticamente imposibles de ver en otros eventos (que también) sino porque consigue reunir artistas y códigos culturales que pocos eventos apostarían por colocar en un mismo fin de semana sin la intención de ampliar mercado o abarcar más perfiles de público.
La tarde arrancó en Ron Montero Lujuria con Khaled. Poco después apareció Ms Nina y el recinto cambió completamente de temperatura. Presentó los temas de su nuevo EP “Culona El Mundo Es Tuyo” junto a una escenografía que trasladaba al directo la estética de este proyecto además de repasar su repertorio más conocido. Gran parte de los asistentes también acabaron reuniéndose hacia el Infierno Club. El set de Yung Beef registró uno de los mayores aforos de la jornada que más allá de la asistencia, no terminó de destacar dentro del conjunto del festival.
La expectación aumentó durante los preparativos para la actuación de La Zowi. Antes incluso de que apareciera sobre el escenario, varias ráfagas de pirotecnia adelantaban una de las actuaciones más esperadas del día. Y probablemente también una de las mejores. La artista presentó un nuevo concepto visual para esta temporada, caracterizada por una escenografía doméstica con un tendedero repleto de ropa interior y cadenas suspendidas en forma de columpio.
El show incluyó sus singles más recientes y clásicos mientras un asistente recibía una manicura en directo realizadas por @filhodokoro. A lo largo de la actuación, la artista recibió a Xiyo, Fernandezz, Metrika y Kristina para interpretar «LA TASER DE MAMÁ REMIX» y desveló en primicia su nueva colaboración con NUSAR3000. El cierre llegó con “Smartphone”, uno de los temas más personales de su repertorio.

En definitiva, la artista sigue demostrando dentro y fuera del escenario que es capaz de construir algo propio incluso cuando gran parte de la estética que ella ayudó a visibilizar ha sido absorbida por el mainstream. Mientras muchos artistas acaban adaptando su propuesta para hacerla más accesible cuando alcanzan visibilidad, ella continúa defendiendo su identidad.
Después llegó Gucci Mane. El rapero de Atlanta aparecía como el gran reclamo internacional de esta edición y probablemente era el artista más esperado del cartel. Ya que hablar de Gucci Mane es hablar de una de las figuras que ayudaron a construir el trap mucho antes de que el género se globarizara o adquiriera este nombre. Sin embargo, la actuación se desarrolló sin las aglomeraciones que muchos anticipaban, permitiendo disfrutar de un concierto con una comodidad poco habitual para un artista de tal calibre. Quizás también se debió a la preferencia de gran parte de los asistentes de moverse constantemente entre escenarios antes que concentrarse exclusivamente en un solo artista. Más allá del valor simbólico de ver a un pionero del género desplazándose hasta Salobreña, confirmó el alcance internacional que ha adquirido el festival.
Sin embargo, Cecilio G se encargó de ofrecer el mejor concierto de rap del fin de semana. Puntual, concentrado y con una energía poco habitual incluso para sus propios estándares, el barcelonés firmó uno de los mejores shows de su carrera dejando clara una capacidad poco habitual en los artistas para captar la atención del público incluso cuando, a simple vista, no está ocurriendo nada especialmente descabellado. Durante una hora ofreció una actuación contundente y con un magnetismo que en ningún momento abandonó el escenario. Por el escenario fueron pasando invitados como TK Mami o West Dubai. «Amarillo» fue uno de los temas más divertidos pero el momento que definió el concierto fue cuando interpretó a capela la intro de «Million Dollar Baby», en el que desapareció el ruido de fondo e incluso la sensación de estar en un festival.

Bea Pelea aprovechó su paso por Lujuria para presentar parte de su nuevo material sin renunciar a varios de los temas que marcaron sus inicios cerrando con «Si No Te Vuelvo a Ver». La aparición de La Zowi y Ms Nina durante el concierto dejó aún más clara la sensación de que muchas actuaciones en conjunto del festival eran más encuentros entre colegas que meras colaboraciones.
El escenario Jägermeister Limbo también demostró que gran parte del carácter del festival se construye lejos del escenario principal y concentró parte de lo mejor de la jornada. TK Mami y Kristina confirmaron el crecimiento que llevan mostrando durante el último año. A pesar de seguir ocupando una posición claramente underground, Mina destacó por una presencia escénica y una seguridad sorprendentes en alguien que todavía está haciéndose hueco dentro de la industria. Por su parte, DJ Lizz llevó el escenario hacia el terreno físico con una sesión diseñada para mover el culo, castigar las piernas y patear a base de BPMs acelerados.
Probablemente uno de los conciertos más infravalorados de la edición fue el de Ben Yart. Coincidiendo con la actuación de Xiyo y Fernandezz, gran parte del público optó por acudir a uno de los nombres que mejor representan la nueva ola de artistas. Una decisión que dice bastante sobre cómo funciona actualmente la atención dentro de la escena. Sin embargo, quienes se quedaron encontraron una de las propuestas más trabajadas del fin de semana.
El artista presentó un directo más cuidado que el del año pasado, reinterpretando sus canciones con nuevas producciones y una puesta en escena más ambiciosa. Una evolución evidente que no solo permitió redescubrir sus temas sino que también dejó con ganas de que estas versiones lleguen también a las plataformas digitales y poder escuchar más de su nuevo material. No fue el concierto más multitudinario pero sí uno de los que mejor recompensó a quienes decidieron quedarse.
El cierre de Jägermeister Limbo estuvo a cargo de DJ Karpin, que puso el broche final con una sesión marcada por el breakbeat. La despedida definitiva llegó cuando los artistas vinculados a La Vendición aparecieron juntos sobre el escenario. Una imagen que resumía bastante bien lo que ha sido el proyecto durante estos diez años. Tanto quienes ayudaron a cimentar las bases hasta las nuevas generaciones de artistas compartían escenario al ritmo de «Cigala».

La madurez de un festival que no renuncia a sus códigos
En definitiva, hay algo que diferencia a Infierno Festival del resto de festivales. Salobreña forma parte de la identidad del festival tanto como su cartel. Lejos de celebrarse en una gran ciudad o en un recinto pensado para acoger un evento de estas características, para Yung Beef y La Vendición, Salobreña representa una conexión directa con sus propias raíces y con una parte importante de la historia que ha construido el colectivo durante la última década. Esa relación con el territorio se percibe en detalles como en el ambiente, en la cercanía entre artistas y público y en la sensación de que el festival pertenece al lugar donde se celebra.
A nivel organizativo, la quinta edición ha supuesto un paso adelante evidente. Después de los problemas de horarios que marcaron el año anterior, la programación funcionó de manera mucho más precisa. Los cambios entre conciertos fueron más fluidos, el público pudo desplazarse entre escenarios sin grandes aglomeraciones y la sensación general fue la de un festival seguro. Las consumiciones mantuvieron precios relativamente asequibles dentro de un mercado en el que el coste económico suele ser cada vez más elevado, un aspecto que contribuye a reforzar la accesibilidad que siempre ha caracterizado al festival.
También resulta complicado encontrar otro evento en España donde convivan perfiles tan distintos sin que la mezcla parezca una estrategia de marketing. Sin embargo, durante todo el fin de semana fue posible ver a nuevas generaciones que han descubierto hace relativamente poco la música urbana compartiendo espacio con asistentes que llevan siguiendo a La Vendición desde sus inicios, familias atraídas por artistas históricos o un público interesado simplemente en descubrir nuevas propuestas. Y todo esto se produce de forma natural y orgánica.
Sin embargo, el crecimiento del festival también pone sobre la mesa nuevas necesidades. El camping continúa siendo uno de los aspectos con mayor margen de mejora, especialmente si se tiene en cuenta el clima que acompaña habitualmente a estas fechas. Más zonas de sombra, más puntos de agua y algunos servicios adicionales ayudarían a mejorar la experiencia. También se echan de menos las taquillas presentes en otras ediciones, aunque las limitaciones de espacio hacen comprensible su ausencia. Hubiera sido también interesante contar de nuevo con algunos stands que en otras ediciones enriquecieron la experiencia del público como el de TattooX. Sin embargo, algunas son cuestiones menores dentro de una edición que sube el nivel año tras año.
El Infierno Fest sigue creciendo sin sacrificar aquello que lo hizo diferente desde el principio y en un mercado en el que se repiten artistas, el suyo sigue siendo uno de los pocos donde la identidad continúa teniendo más peso que las tendencias. Ningún festival puede pasar del Junco a Gucci Mane o de Omega El Fuerte a Bea Pelea. Sin embargo, el Infierno Fest lo consigue

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