Victoria’s Secret recupera su fantasía en plena era Ozempic. ¿Qué hemos aprendido en diez años?

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Getty para Victoria’s Secret

Por Michaels Mads · 19 de octubre de 2026

Dicen que 2026 es el nuevo 2016 y, sinceramente, internet está haciendo todo lo posible para convencernos. Vuelven los chokers, los filtros que nos ponían orejas de perro, los vídeos de Kylie Jenner con labios imposiblemente perfilados y esa extraña nostalgia por una época en la que todos subíamos veinte fotos de la misma noche sin preocuparnos demasiado por la estética del feed.

Hasta Victoria’s Secret ha decidido apuntarse al revival. Anoche celebró en Los Ángeles su desfile de 2026 y recuperó buena parte de aquella fantasía de alas, sujetadores imposibles y supermodelos. Porque, visto lo visto, si vamos a volver a 2016, hay que hacerlo a lo grande.

Y a ver, entendemos la nostalgia. Aquellos desfiles eran un acontecimiento. Había actuaciones musicales, supermodelos, millones de espectadores y una producción que parecía más cercana a la Super Bowl que a una presentación de lencería. Era el tipo de espectáculo que conseguía que medio internet estuviera pendiente de unas alas de plumas.

Pero también había otra conversación. Una bastante menos glamurosa.

En abril de 2016, cuando todavía no sabíamos que acabaríamos echando tanto de menos aquel año, publicamos en MADSHION un artículo titulado El fin de Victoria’s Secret y su Top 5 controversias. Hablábamos de las exigencias físicas a las modelos, del retoque fotográfico, de los estándares de belleza prácticamente imposibles y de aquella campaña llamada The Perfect Body que, por si alguien necesitaba que se lo explicaran, tenía una idea bastante específica de cómo debía ser un cuerpo perfecto.

Diez años después, volvemos a hablar de Victoria’s Secret. Y no precisamente porque hayamos encontrado aquel artículo haciendo limpieza en WordPress.

Campaña The Perfect Body de Victoria’s Secret y su eslogan original
Captura de la campaña Perfect Body en su web

Las alas vuelven. La pregunta es qué viene con ellas

Victoria’s Secret ha recuperado buena parte del imaginario que convirtió sus desfiles en un fenómeno pop. La marca vuelve a apostar por el espectáculo, por las modelos que hicieron historia en su pasarela y por esa mezcla de lencería, música y fantasía que durante años fue prácticamente su religión.

Solo que ahora el público es otro.

La música y las nuevas estrellas del pop conectan el desfile con una generación que quizá no vivió el momento de máximo esplendor de los antiguos ángeles, pero que conoce perfectamente el poder de una imagen viral. La nostalgia funciona todavía mejor cuando puedes venderla a gente que ni siquiera estuvo allí.

Y hay que reconocer que Victoria’s Secret sabe montar un espectáculo. Sería absurdo fingir lo contrario. La cuestión es que una producción espectacular no borra automáticamente todo lo que había detrás de aquella fantasía.

Durante años, la firma convirtió un tipo de cuerpo muy concreto en su principal aspiración comercial. Ser un ángel significaba formar parte de una élite de belleza que parecía inaccesible para casi todo el mundo. Aquello se vendía como glamour, disciplina y perfección.

También había mujeres que se dejaban la salud intentando acercarse a ese ideal. Y una industria bastante cómoda mirando hacia otro lado.

Final del desfile de Victoria’s Secret de 2016
REX

Justo ahora que vuelve a estar de moda estar muy delgada

Hay algo curioso en el momento elegido para recuperar toda esta estética.

Llevamos años hablando de diversidad corporal, de representación y de lo absurdo que resulta reducir la belleza a una talla. Las marcas empezaron a ampliar sus castings, las pasarelas incorporaron cuerpos diferentes y parecía que, poco a poco, habíamos entendido que una mujer no necesitaba encajar en unas medidas concretas para protagonizar una campaña.

Tampoco es que la industria se hubiera convertido de repente en un lugar maravilloso donde todo el mundo era bienvenido. Pero algunas cosas habían empezado a moverse.

Ahora, sin embargo, la conversación ha cambiado otra vez.

La estética skinny vuelve a circular por las redes, la delgadez extrema reaparece como referencia en determinados espacios de moda y Ozempic se ha convertido en una palabra habitual dentro de la cultura celebrity. Un medicamento desarrollado para tratar la diabetes tipo 2 que ha terminado formando parte de conversaciones sobre pérdida de peso, lujo y apariencia física.

Y no, esto no significa que todas las personas delgadas estén utilizando medicamentos ni que Victoria’s Secret tenga relación alguna con su consumo. Conviene aclararlo porque internet tiene una habilidad extraordinaria para convertir cualquier debate sobre estándares de belleza en una inspección pública del cuerpo de una mujer.

Precisamente de eso estábamos intentando salir.

Lo que resulta llamativo es el contexto. Después de una década cuestionando la presión por alcanzar determinados cuerpos, volvemos a encontrarnos con una cultura visual en la que la delgadez parece recuperar parte de su antiguo prestigio.

Y en medio de todo eso aparece Victoria’s Secret, sacando otra vez sus alas del armario.

La coincidencia, como mínimo, merece una conversación.

Casting colectivo del desfile Victoria’s Secret 2026
Agencia AFP

Victoria’s Secret ha cambiado. ¿Lo suficiente?

Tampoco sería justo escribir sobre la marca como si nada hubiera sucedido desde 2016.

Victoria’s Secret atravesó una crisis de imagen, recibió críticas por su falta de diversidad y terminó reformulando buena parte de su discurso. Sus campañas y desfiles posteriores incorporaron perfiles que antes difícilmente habrían encajado en la idea tradicional de un ángel.

Hubo cambios, algunos importantes. Y sería bastante cómodo ignorarlos solo para construir un artículo más escandaloso.

Pero también es evidente que la marca está recuperando aquello que durante años intentó dejar atrás. El exceso, la fantasía, las supermodelos convertidas en figuras casi mitológicas y la promesa de pertenecer a un universo extraordinariamente exclusivo.

Puede que Victoria’s Secret haya descubierto que su antiguo imaginario todavía tiene muchísimo valor comercial. O quizá que la generación Z está dispuesta a consumirlo de otra manera, con menos solemnidad y más conciencia de que todo es, al fin y al cabo, un espectáculo.

Aunque tampoco tengo tan claro que mirar algo con ironía nos haga inmunes a lo que representa.

Una puede disfrutar de un desfile, admirar a sus modelos y emocionarse con una actuación sin tener que comprar todo el discurso que acompaña a la marca. De hecho, probablemente esa sea una relación bastante más sana con la moda que la que teníamos hace diez años.

El problema empieza cuando la nostalgia nos hace olvidar por qué ciertas cosas dejaron de parecernos normales.

En 2016 ya estábamos hablando de esto

Lo más curioso de recuperar nuestro artículo de 2016 es comprobar que muchas de aquellas preguntas siguen teniendo sentido.

Entonces criticábamos que una marca con semejante influencia cultural presentara un ideal de belleza tan limitado. No porque hubiera nada malo en ser delgada, sino porque parecía que solo existía una manera correcta de serlo todo: guapa, sexy, deseable y, por supuesto, merecedora de unas alas.

La talla 34 nunca fue el problema. Convertirla en una especie de requisito para participar en la fantasía, sí.

Y quizá por eso el regreso de Victoria’s Secret resulta más interesante de lo que parece. No estamos viendo únicamente una marca recuperar un formato de éxito. Estamos viendo cómo un imaginario que llegó a estar profundamente cuestionado vuelve a encontrar su sitio en una cultura obsesionada con reciclar sus propias referencias.

No sé si dentro de unos años recordaremos 2026 como el año en que volvió Victoria’s Secret o como aquel en el que todos decidimos que 2016 había sido maravilloso.

Lo que sí sé es que en MADSHION ya estábamos haciendo estas preguntas hace diez años. También hablamos entonces de Bridget Malcolm y las presiones sobre el cuerpo de las modelos.

Y mira que han cambiado cosas desde entonces. Hasta Instagram nos deja subir fotos que no son cuadradas.

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