La moda más interesante de Londres ya no necesita estar en el calendario

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Kai Ghattaura y Fin Forsyth reunieron a una nueva generación de creativos en un desfile fuera del calendario oficial de London Fashion Week. GLISTER habla de sueños, infancia e internet, pero también de algo más amplio: quizá la moda joven ya no necesite esperar a que la industria le haga sitio para empezar a existir.

Hay una forma bastante sencilla de perder el interés por las semanas de la moda: intentar verlo todo. El calendario se llena de desfiles, primeras filas, regresos, debuts y campañas que compiten por convertirse en el siguiente momento viral, hasta que muchas colecciones terminan mezclándose entre sí antes incluso de que acabe la temporada.

En medio de ese ruido, Kai Ghattaura y Fin Forsyth decidieron presentar GLISTER fuera del calendario oficial de London Fashion Week. No había una gran maison detrás, ni una posición privilegiada dentro del programa, ni una maquinaria de comunicación especialmente grande. Aun así, cientos de estudiantes, graduados y jóvenes creativos se acercaron hasta Bethnal Green para ver el primer desfile conjunto de ambos diseñadores.

Forsyth terminó sus estudios en Central Saint Martins en 2024, mientras que Ghattaura presentó este mismo año su colección de máster en la escuela londinense. Los dos llegan, por tanto, desde un entorno muy ligado a la formación clásica de la moda británica, pero la forma en la que han decidido presentarse ya apunta hacia otra dirección.

Volver a jugar

GLISTER parte de una idea bastante sencilla: recuperar algo que solemos perder al hacernos mayores.

Jugar.

El espacio estaba cubierto con alfombras persas, atrapasueños y una gran estructura de cartón que reproducía la casa familiar de Fin Forsyth. Más que una escenografía pulida, parecía un recuerdo reconstruido a mano, como si parte de la infancia hubiese acabado convertida en pasarela.

La colección seguía esa misma lógica. Aparecían modelos cubiertos de purpurina rosa o pintura plateada, cabezas geométricas de animales, tartanes cosidos sobre siluetas deliberadamente deshilachadas, cinturones de cuerda, gorros deformados y prendas con una apariencia casi artesanal. Nada parecía especialmente preocupado por ocultar cómo estaba hecho ni por parecer demasiado perfecto.

Ese gesto tiene bastante sentido dentro del universo de GLISTER. Los propios diseñadores resumieron el concepto alrededor de una idea muy clara: los adultos también deberían jugar. Y la colección funciona precisamente cuando deja de intentar comportarse como una propuesta demasiado seria.

Internet también puede ser una referencia cultural

En el caso de Kai Ghattaura, esa voluntad de jugar lleva tiempo mezclándose con otra parte fundamental de su generación: internet.

Con 23 años, creció jugando a títulos como Minecraft, Kingdom Hearts o Final Fantasy, y ese imaginario digital aparece constantemente en su trabajo junto a referencias medievales, objetos cotidianos y símbolos que parecen extraídos directamente de una pantalla.

En colecciones anteriores ha mezclado guanteletes y siluetas históricas con bolsos inspirados en emojis o accesorios construidos a partir de objetos tan reconocibles como un vapeador. Él mismo ha definido su propuesta como “postmodern ragebait clothing”, una etiqueta que parece una broma hasta que se observa cómo construye realmente sus prendas.

Durante años la industria ha intentado acercarse a las nuevas generaciones incorporando códigos digitales, colaboraciones con videojuegos, regresos constantes del Y2K y campañas creadas para convertirse en memes. Ghattaura pertenece directamente a la generación que creció dentro de esa cultura, así que no necesita observarla desde fuera ni traducirla para parecer contemporáneo.

Ahí está probablemente una de las diferencias más interesantes.

De Central Saint Martins a EsDeeKid

La música también empieza a formar parte de esa evolución.

EsDeeKid descubrió el trabajo de Ghattaura y terminó utilizando varias de sus piezas personalizadas durante su gira. Es una relación que refleja bastante bien cómo están creciendo muchas firmas pequeñas antes incluso de contar con una estructura comercial sólida.

Una prenda reconocible sobre el artista adecuado puede circular durante semanas por redes, videoclips y conciertos antes de que una marca aparezca en una campaña tradicional. La moda emergente lleva tiempo encontrando en músicos, clubes y escenas underground un escaparate mucho más orgánico que algunas de las fórmulas clásicas de la industria.

Primero aparece la pieza, después alguien pregunta quién la ha diseñado y, cuando el nombre empieza a llegar al gran público, parte de internet ya lleva meses observándolo.

Mirar fuera del calendario

Quizá por eso lo más interesante de GLISTER no sea únicamente la colección, sino todo lo que ocurrió alrededor.

Mientras buena parte de la conversación de una Fashion Week continúa girando alrededor de grandes casas, nuevos directores creativos y quién ocupa cada primera fila, dos diseñadores jóvenes pudieron presentar fuera del calendario y reunir igualmente a una comunidad alrededor de su trabajo.

Eso no significa que London Fashion Week haya dejado de importar ni que instituciones como Central Saint Martins hayan perdido peso. De hecho, siguen siendo parte fundamental del recorrido de muchos de estos diseñadores.

Lo que cambia es el momento en el que una propuesta puede empezar a resultar relevante.

Una nueva firma ya no necesita esperar necesariamente a tener tienda propia, campaña internacional o un hueco oficial entre dos grandes nombres para construir una identidad. Puede hacerlo primero alrededor de una comunidad, de un músico, de una imagen, de una fiesta o de una pequeña escena creativa.

Y quizá ahí esté una de las pistas más interesantes sobre hacia dónde se mueve la moda joven.

No tanto en quién recibe el siguiente gran nombramiento, sino en quién consigue que la gente quiera acercarse a ver algo antes incluso de que la industria haya decidido cómo clasificarlo.

Michaels Mads
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