De EGO a la gran pasarela: donde la moda española prueba lo que viene después

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Las firmas consolidadas tienen una identidad que mantener, clientes a los que vender y un negocio que proteger. EGO juega con otras reglas. Veinte años después de su nacimiento, la plataforma de jóvenes diseñadores de MBFWMadrid sigue siendo uno de los mejores lugares para entender por dónde puede empezar a moverse la moda española.

Cuando termina una Fashion Week es fácil quedarse con los nombres grandes, los invitados, la localización más espectacular o ese look que ya está dando vueltas por Instagram. Pero si queremos entender qué puede ocurrir después, quizá haya que mirar justo al otro extremo del calendario.

MBFWMadrid cerró su edición Spring/Summer 2027 dedicando el sábado a EGO, que este año celebra dos décadas como plataforma de talento emergente. Apolineo Studio, Biyeyemete, Cotes, Isabel Is My Name, Karla Aguilar y Miss Take fueron las seis firmas encargadas de ocupar la Universidad Nebrija en la última jornada.

Y seguramente ahí esté parte de la gracia. Llegan después de cinco días viendo trabajar a marcas mucho más establecidas, pero sin tener todavía las mismas reglas.

Arriesgar es más sencillo cuando todavía estás construyendo las reglas

Esto no va de decir que las firmas consolidadas de MBFWMadrid hayan dejado de ser creativas. Sería bastante injusto y tampoco sería verdad.

Lo que cambia es el contexto.

Una marca asentada tiene clientes, puntos de venta, compradores, compromisos, una estructura empresarial y unos códigos que permiten reconocerla. Puede experimentar, claro, pero una colección también tiene que funcionar cuando se apagan las luces de la pasarela.

Y cuanto más grande se hace una firma, más gente depende de que funcione.

Un diseñador que llega a EGO tiene otros problemas, algunos seguramente mucho más complicados, empezando por el dinero y la capacidad de producir. Pero creativamente puede encontrarse en un momento mucho más libre. Todavía está definiendo qué quiere ser y necesita conseguir que alguien se acuerde de su nombre.

Eso abre la puerta a propuestas menos cómodas.

No significa que dentro de dos años vayamos a entrar en Zara buscando una chaqueta hecha con cartílago de cerdo. Significa que algunas de las ideas que ahora parecen extremas pueden reaparecer después transformadas en nuevos materiales, nuevas siluetas o maneras distintas de construir una prenda.

Y ahí EGO se vuelve bastante más interesante que una simple pasarela de jóvenes diseñadores.

Veinte años viendo cosas antes de que fueran normales

La perspectiva ayuda.

Desde su creación en 2006 han pasado por EGO más de doscientas firmas. Entre ellas aparecen nombres como María Escoté, Moisés Nieto, Juan Vidal, Pepa Salazar, Dominnico, JC Pajares, Maya Hansen o Paloma Suárez, diseñadores que después han construido carreras dentro y fuera del calendario madrileño.

Esta misma edición deja un ejemplo bastante literal de ese recorrido.

Antonio del Canto, que había formado parte anteriormente de EGO, debutó esta semana dentro del calendario general de MBFWMadrid.

De ahí a la gran pasarela.

No todos los diseñadores que pasan por EGO conseguirán hacer ese camino, evidentemente. Montar una firma exige bastante más que presentar una buena colección. Pero después de veinte años resulta difícil verlo únicamente como el hermano pequeño de MBFWMadrid.

También funciona como banco de pruebas.

Entonces, ¿qué se está probando ahora?

Más que buscar “la tendencia de EGO SS27”, porque probablemente no exista, interesa encontrar las ideas que se repiten incluso entre diseñadores que no tienen demasiado que ver entre ellos.

Y aparecen unas cuantas.

Karla Aguilar, ganadora del Premio Pelonio New Talent, presentó AMORFO, una colección que utiliza el cuerpo prácticamente como campo de experimentación. Siluetas enormes que lo esconden, otras que lo dejan expuesto, tintes naturales y piezas realizadas con cartílago de cerdo trabajado hasta comportarse como una especie de plástico biodegradable.

Puede gustar o producir bastante rechazo. Las dos reacciones son probablemente más interesantes que la indiferencia.

En Apolineo Studio, Javier Comesaña llevó su Galicia a la colección a través de las mariscadoras, el recuerdo de su madre bailarina, lanas y puntos gallegos, prendas de segunda mano y materiales reutilizados. Hay una conversación sobre sostenibilidad, pero también sobre territorio, clase y memoria que se aleja bastante del habitual “hemos utilizado tejidos responsables”.

Biyeyemete mezcla referencias de Guinea con denim, camuflaje y códigos contemporáneos. Brandon Abeso utiliza la colección para hablar de migración, separación familiar y de esa identidad que puede construirse simultáneamente desde dos lugares.

En Isabel Is My Name, Isabel Peña y Mauricio Quiñones convierten directamente la ropa usada y los objetos familiares en materia prima. Un mantel, prendas infantiles o tejidos cargados de recuerdos dejan de ser algo que conservar dentro de una caja para volver convertidos en otra cosa.

Miss Take abraza deliberadamente los acabados imperfectos y el error, mientras Cotes mezcla superstición, minerales, transparencias y referencias históricas en una colección construida casi como un gabinete de curiosidades.

Son universos muy diferentes, pero empieza a dibujarse algo.

Hay interés por alterar el cuerpo en lugar de limitarse a vestirlo, por reutilizar antes que producir desde cero, por recuperar técnicas manuales, por convertir la procedencia cultural en algo visible y por dejar que una prenda parezca extraña, imperfecta o incluso incómoda.

Eso no significa que vaya a ser lo que compraremos dentro de seis meses.

Sí sirve para detectar las preguntas que están haciendo ahora quienes empiezan a diseñar.

Pelonio y el problema que empieza cuando termina el desfile

Hay otra parte menos fotogénica que también importa.

Presentar una colección puede conseguir titulares. Convertirla después en una marca es bastante más complicado.

EGO nació hace veinte años de la mano de Andrés Aberasturi, fundador y presidente de Pelonio Group, junto a IFEMA MADRID. Pelonio ha estado vinculada a la producción de la plataforma desde sus comienzos y, coincidiendo con este aniversario, creó el Premio Pelonio New Talent, que en esta edición ha recaído en Karla Aguilar.

La relación tiene sentido precisamente porque el reto del talento emergente no termina consiguiendo quince minutos de pasarela.

Después hacen falta comunicación, contactos, distribución, producción, compradores y una manera de transformar una colección que funciona conceptualmente en una firma capaz de mantenerse viva.

Por eso quizás la evolución más interesante de EGO no sea únicamente descubrir diseñadores. También está en construir alrededor de ellos una estructura que permita que algunos puedan dar el siguiente paso.

Durante estos veinte años ese paso ya lo han dado varios.

Mirar EGO sin intentar adivinar el futuro

Sería muy fácil mirar estas seis colecciones e intentar fabricar una lista: cinco tendencias que llevarás en 2028.

No funciona así.

Las ideas que salen de las escuelas y de las plataformas emergentes raramente llegan intactas al mercado. Se mezclan, se simplifican, alguien encuentra una manera de producirlas mejor, otra firma las lleva hacia un sitio completamente distinto y, de repente, algo que parecía rarísimo deja de llamar nuestra atención.

Eso es lo interesante de volver a mirar EGO.

Las grandes firmas ayudan a entender dónde está ahora la moda española. Entre diseñadores que todavía están construyendo su identidad aparecen, con bastante menos filtro, algunas pistas de hacia dónde podría moverse.

Y veinte años después, quizá esa siga siendo la mejor razón para reservarles el último día de MBFWMadrid.

Michaels Mads
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