Vogue World Milán 2026: los robots sin ropa y las críticas a su homenaje a la artesanía

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La aparición de robots en la pasarela y el apoyo de OpenAI a Vogue World han abierto una discusión incómoda sobre el lugar del trabajo humano en una celebración de la moda italiana. La elección de la organización merece más atención que las burlas a Cardi B.

Vogue World Milán 2026 quería celebrar la moda italiana y su relación con la tecnología. Después del evento del 22 de septiembre, parte de la conversación ha acabado en unos robots que desfilaron sin ropa. Cuesta entender la decisión. En una pasarela con semejantes recursos, había margen para hacer algo más con ellos que ponerlos a caminar.

La ausencia de prendas es lo que vuelve la escena tan poco convincente. Si el propósito era explorar la relación entre moda y tecnología, habría sido interesante ver cómo se vestían esos cuerpos o qué podía hacer un diseñador con sus movimientos. Tal como se planteó, parece que la organización consideró suficiente sacar unos robots para que el público entendiera que aquello representaba el futuro.

MILAN, ITALY – SEPTEMBER 22: A general view of the runway during Vogue World: Milano 2026 at Galleria Vittorio Emanuele II on September 22, 2026 in Milan, Italy. (Photo by Arnold Jerocki/Getty Images for Vogue)

La propuesta se queda corta. Y resulta especialmente extraña dentro de un evento que también pretendía reivindicar la artesanía.

Los robots de Vogue World y el problema de celebrar el trabajo manual

La moda lleva años insistiendo en el valor del trabajo manual. Las marcas enseñan sus talleres y detallan las horas que requiere un vestido. Ese argumento sirve para explicar la calidad de una prenda, pero también para justificar su precio y su exclusividad. Hay un interés comercial en recordarnos que detrás del producto existen personas con conocimientos que cuesta años adquirir.

Por eso chirría que una celebración de ese mundo reserve parte de su pasarela a máquinas sin vestir. Un robot puede tener sentido dentro de un desfile. Aquí faltaba desarrollar qué relación tenía con la ropa y con el trabajo que supuestamente se estaba homenajeando.

Nos parece una decisión bastante perezosa. La tecnología ya ofrece suficientes posibilidades como para que su presencia en un espectáculo de moda tenga que aportar algo más que sorpresa. Además, el recurso empieza a resultar previsible: aparece una máquina y se espera que aceptemos su presencia como una demostración de innovación.

El antecedente de Alexander McQueen ayuda a entender lo que falta. En su desfile de primavera-verano de 1999, dos brazos robóticos pintaron el vestido de Shalom Harlow. Las máquinas intervenían sobre una prenda y la transformaban delante del público. Había una razón concreta para utilizarlas. No hace falta repetir aquella idea, pero sí cabe pedir un desarrollo parecido a una producción de la ambición de Vogue World.

El apoyo de OpenAI hace más incómoda la elección

OpenAI figura entre los apoyos adicionales de Vogue World Milán, junto a FedEx. Los patrocinadores principales anunciados fueron ALO, eBay, Eli Lilly and Company y Meta Glasses. No conocemos el alcance del acuerdo con OpenAI ni hay pruebas de que la compañía decidiera introducir los robots.

Su participación, aun así, merece formar parte de la crítica. La organización eligió celebrar el oficio con el respaldo de una empresa de inteligencia artificial en un momento en el que algunos diseñadores han defendido expresamente el trabajo humano frente a estas herramientas. Era razonable esperar que esa convivencia generara rechazo.

Guram Gvasalia describió la colección primavera-verano 2024 de Vetements como «anti-AI» y relacionó su calidad con el trabajo de las manos. Es un antecedente claro de esa posición dentro del sector. No permite afirmar que hubiera un grupo de diseñadores contrarios a la IA sentado frente a los robots, pero sí explica por qué la elección de Vogue puede resultar tan desacertada.

El malestar tampoco obliga a acusar de incoherencia a los creadores que participaron. Las decisiones sobre patrocinadores y puesta en escena corresponden a la organización. Es ahí donde tiene sentido detenerse. Vogue puede defender la convivencia entre artesanía e inteligencia artificial, pero debería desarrollarla con algo más de cuidado si pretende que el homenaje al trabajo humano resulte creíble.

La cara de Alessandro Michele no explica lo que pensaba

La expresión de Alessandro Michele durante el paso de los robots se ha convertido en uno de los memes del evento. La imagen sirve para expresar el desconcierto de quien la comparte. No sabemos si expresa también el suyo.

De hecho, durante la presentación de Vogue World, Michele había hablado de las posibilidades de la inteligencia artificial. Atribuirle una postura contraria a partir de unos segundos de vídeo sería bastante aventurado. La escena puede parecernos absurda sin que necesitemos convertir al diseñador en portavoz de esa opinión.

También hay espectadores que disfrutaron del espectáculo y lo consideran mejor que otras ediciones. Eso no invalida las críticas. Simplemente impide presentar el rechazo como unánime, algo innecesario cuando hay decisiones concretas que se pueden discutir.

Cardi B, Versace y las críticas a su forma de desfilar

Cardi B ha recibido buena parte de las burlas por su manera de caminar. Se puede discutir si su participación funcionó dentro de la puesta en escena, pero el ensañamiento con ella resulta bastante menos interesante que el vestuario que llevaba.

La artista lució un Versace de primavera-verano de 2018 con estampado de portadas de Vogue, perteneciente a la colección que homenajeaba a Gianni Versace. La elección tenía una relación clara con la historia de la firma y con el propio evento. Había algo que contar ahí, aunque la conversación haya acabado pendiente de sus pasos.

Su aparición también recibió elogios por el estilismo y el pelo. Reducirla a un fracaso general sería exagerar. Y cargar sobre Cardi el disgusto con Vogue World deja demasiado cómoda a la organización, que fue quien decidió cómo integrar a las celebridades en el desfile.

Este formato busca aprovechar la atención que genera una artista como ella. Después, cualquier gesto poco favorecedor circula separado de la ropa y del contexto. Es un resultado bastante previsible de una producción que depende tanto de sus momentos virales.

El final de Vogue World sí permite hablar de una utilidad concreta

El cierre del espectáculo ofrece un ejemplo más interesante. LoveFrom desarrolló miles de libélulas de papel plegadas a mano y, según explicó Vogue, el equipo utilizó Codex para crear una simulación de la Galleria y probar aspectos de la instalación.

MILAN, ITALY – SEPTEMBER 22: Gigi Hadid on the runway during Vogue World: Milano 2026 at Galleria Vittorio Emanuele II on September 22, 2026 in Milan, Italy. (Photo by Daniele Venturelli/Getty Images for Vogue)

En ese caso se entiende qué tarea resolvía la herramienta y cómo se incorporaba a un proceso que también requería trabajo manual. Se puede mantener una posición crítica con la IA y reconocer que aquí hay una aplicación concreta sobre la que discutir. No todas las decisiones tecnológicas del evento merecen el mismo juicio.

Precisamente por eso, lo de los robots parece tan poco trabajado. Vogue World tenía recursos para explorar esa relación con más profundidad. Nos habría interesado ver qué podían aportar a una prenda o cómo un diseñador se enfrentaba a vestirlos. La organización prefirió dejarlos sin ropa, y seguimos sin encontrar una explicación convincente para esa elección.

Michaels Mads
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