
Cuando uno se prepara para escuchar una producción de James Blake debe prepararse a conciencia y saber que no va a escuchar un álbum al uso. Coge tus mejores auriculares o equipo de sonido, cierra los ojos y que comience el viaje.
Un viaje que sin duda nos lleva a los orígenes de James Blake y es que con su sexto álbum de estudio «Playing Robots Into Heaven» el artista nos entrega un trabajo en el que hace sin duda un reseteo para volver a sus orígenes y dejarnos un álbum de 11 canciones y 40 minutos de duración.
Después de trabajar con artistas como Frank Ocean, Beyonce o Rosalía uno puede esperar que Blake nos trajese un trabajo mucho más comercial en busca de algún banger pero en vez de ello nos trae una gran cantidad de temas que se siguen moviendo en el misticismo que ha creado a su alrededor y el resultado es una evolución muy consciente donde tecnho, house o dance se mezclan con la melancolía que le caracteriza para llevar el trabajo en la dirección perfecta pero sin dejar de mirar a su pasado.
Si normalmente ya estamos acostumbrado a que juegue con arreglos en su voz para crear sonidos que pueden transmitirte miles de sentimientos, en este nuevo álbum lo lleva a un nuevo nivel. Cortando y pegando allí donde le parece para crear un increíble caos que solo él puede conseguir dar forma donde juega incluso con la propia resonancia para un mismo sonido grabándolo en diferentes salas.
No es un álbum que recomendemos escuchar suelto, es un trabajo donde la estructura permite una escucha seguida y disfrutarla de principio a fin ya que si buscas escucharle a él, lo tienes complicado ya que realmente hay apenas temas que cuentes con más de quince o veinte segundos de vocal, los justos para jugar contigo.
Pero mención aparte le dedicamos a «Tell Me», sin duda la canción con más fuerza de todo el álbum que reúne todo lo que James sabe hacer bien ya que si te paras a analizarla es muy minimalista, pero con lo poco que juega suena en cada momento todo diferente.
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