
Cuando un artista lanza un single, la historia no termina al subirlo a Spotify o estrenar el videoclip. Ahí empieza otra fase igual de decisiva: la promoción. Es la parte invisible, la que exige esfuerzo, logística y dinero, y que muchas veces marca la diferencia entre sonar una semana o sostener una carrera.
¿Qué implica la promo?
La promo no es solo soltar un comunicado y esperar streams. Es un engranaje complejo que va desde los junkets —esas rondas maratonianas de entrevistas donde un artista repite lo mismo a veinte medios en un hotel durante un día entero— hasta viajar a otra ciudad para sentarte diez minutos en un set, hacer photocalls o aparecer como invitado en un programa de televisión justo la semana en la que lanzas tu álbum.
Esa exposición no es casual: cuando ves a un artista en un late night, en un reality como jurado ocasional o incluso en la alfombra roja de una gala de cine, muchas veces es parte de la estrategia de promo. El objetivo es que su cara esté presente en todas partes, no solo en plataformas de streaming.
A eso súmale el trabajo de calle: plantarte en París, Madrid o Barcelona para hacer entrevistas; esperar horas para entrar a un evento y conseguir un buen sitio; soportar empujones para que el plano no se mueva; coordinar fotógrafos, redactores y videógrafos para que todo salga perfecto. No es un “post” en redes, es una maquinaria.

El papel de los medios
Los medios son el altavoz cultural. Ponen el contexto, la credibilidad y el espacio editorial. Eso no lo compra un simple anuncio ni lo sustituye un TikTok.
Lo que muchas veces se malinterpreta es quién asume los costes. En la gran mayoría de casos, los medios no cubren desplazamientos ni dietas de los artistas. Eso forma parte de la inversión del propio artista o de su sello.
Las excepciones son muy puntuales: cuando un medio paga un caché por una actuación, organiza un evento propio, o cuando se trata de una exclusiva de alto nivel donde se financia parte del acceso. Pero fuera de esos casos aislados, la norma es clara: el artista cubre su propia promo.
Promo editorial vs. ads
Muchas veces se piensa que hacer promo es un gasto inasumible, pero la realidad es otra. Plantarte en Madrid para grabar un pódcast, aparecer en una alfombra roja y encadenar cuatro entrevistas —que no pagas— puede costarte únicamente un AVE y una noche de hotel. En números, unos 300 € de inversión en promo.
Menos de lo que cuesta una campaña de ads en Instagram. Y con una diferencia clave: los anuncios compran clics, pero no construyen legitimidad. La promo editorial te da algo que ningún algoritmo garantiza: presencia en medios, visibilidad cultural y la oportunidad de hablar de tu trabajo en espacios que te posicionan como artista.
Invertir en ti mismo
Quien lo entiende, juega en otra liga. Un billete de tren, un hotel o un vuelo no son un gasto, son una llave. Esa llave abre entrevistas, reseñas, apariciones en medios, photocalls, programas de TV, showcases… y multiplica la visibilidad de un lanzamiento.
En la escala de costes de la música, es incluso de lo más barato. Pero en impacto, puede ser decisivo.
Cierre
La música no se promociona sola. Detrás de cada entrevista, cada vídeo, cada photocall y cada aparición en TV hay junkets interminables, viajes, esperas y dinero invertido.
La promoción es una inversión en ti mismo: la diferencia entre quedarte en el circuito de siempre o proyectar tu música hacia un público más amplio. Los medios aportan visibilidad cultural y credibilidad, pero el impulso inicial siempre nace del propio artista.
Invertir en tu propia promo no es un lujo, es un paso natural hacia la profesionalización. Lo entienden quienes saben que el talento es la base, pero la estrategia es lo que abre caminos.
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