
Por Michaels Mads · 3 de octubre de 2026
Después de cinco años en los que Nicolas Di Felice convirtió Courrèges en una de las firmas que mejor entendieron la noche, Drew Henry asume la dirección creativa con una misión complicada: cambiar una fórmula que todavía funcionaba. Su debut para primavera-verano 2027 empieza precisamente por ahí.
Hay algo especialmente difícil en llegar a una casa de moda cuando tu predecesor no la ha dejado rota. Nicolas Di Felice pasó cinco años haciendo exactamente lo contrario con Courrèges. Recuperó una firma que seguía inevitablemente asociada a los años sesenta y consiguió introducirla en el armario de una generación que probablemente nunca había dedicado demasiado tiempo a pensar en André Courrèges.
Lo hizo entendiendo muy bien dónde estaba esa generación. El Courrèges reciente hablaba el lenguaje del club: negro y blanco, vinilo, cuerpos, aberturas, siluetas precisas y una sensualidad suficientemente directa como para funcionar tanto en una pasarela como a las cuatro de la mañana. La maison volvió a tener una identidad reconocible y, sobre todo, volvió a participar en la cultura joven.
Drew Henry llega ahora justo después de ese éxito. Y quizá por eso la decisión más interesante de su primera colección sea no intentar repetirlo.
Drew Henry busca otro Courrèges dentro del propio Courrèges
El diseñador sudafricano presentó en París su primera colección como director creativo de la casa después de una carrera desarrollada principalmente detrás de otros nombres. Ha trabajado junto a Phoebe Philo en Céline y posteriormente en su propia firma, además de pasar por JW Anderson y por el Burberry de Daniel Lee. Courrèges supone su primer puesto al frente de una maison y también la primera vez que una parte mucho mayor del público puede asociar directamente su nombre a una colección.
Para empezar no quiso borrar el archivo. Hizo prácticamente lo contrario: meterse en él hasta descubrir que la imagen que hemos terminado construyendo de Courrèges era mucho más estrecha que la propia historia de la casa.

Porque si pensamos en Courrèges aparecen rápidamente el blanco, las botas, las minifaldas, la geometría y aquel futuro espacial imaginado desde los sesenta. Henry encontró también color, humor, prendas menos rígidas y objetos que habían quedado fuera de esa versión simplificada de la marca. Incluso recuperó sombreros creados originalmente por Jean Barthet y piezas cuya imperfección, provocada por el paso del tiempo, terminó resultándole más interesante que reproducirlas como si acabasen de salir del taller.
De ahí sale buena parte de su primavera-verano 2027. Hay amarillo ácido, verdes intensos y naranja donde hasta ahora esperábamos una paleta mucho más controlada. Hay bordes sin terminar, cinturones sueltos y prendas que parecen haber sido utilizadas en lugar de preservadas. También hay denim, sastrería, deporte y vinilo, pero Henry los mezcla hasta conseguir que los distintos looks no parezcan necesariamente pertenecer todos a la misma persona.
Ese detalle importa porque su intención no parece ser sustituir un uniforme por otro.
Del uniforme de club a una identidad menos perfecta
Di Felice encontró una manera extraordinariamente eficaz de hacer reconocible Courrèges. Henry empieza preguntándose qué ocurre cuando una identidad funciona tan bien que corre el riesgo de convertirse en una caja.
Él mismo definió el proceso como salir de la “white box” de Courrèges. No significa renunciar a aquello que hizo relevante de nuevo a la firma ni fingir que los últimos cinco años no ocurrieron. Significa ampliar el personaje que puede habitarla.
Por eso una de las imágenes más interesantes del desfile no necesita una construcción especialmente complicada. Los vestidos de vinilo asociados inmediatamente al vocabulario femenino de la casa aparecen también sobre hombres. No se presentan como una gran declaración sobre género ni necesitan hacerlo. Simplemente forman parte de un casting y de una colección que parecen menos interesados en decidir exactamente quién debe llevar cada cosa.
Henry lo resumió diciendo que no quería construir una única persona para Courrèges. Quería que se sintiera humana. Y esa humanidad aparece precisamente en aquello que normalmente intentaríamos corregir: ropa deshilachada, superficies desgastadas, combinaciones inesperadas o piezas de archivo cuya historia se nota físicamente.
Es un cambio pequeño sobre el papel, pero bastante significativo para una casa que durante décadas ha representado una de las imágenes más limpias y optimistas del futuro.

El futuro ya no puede seguir pareciéndose a 1966
Ahí está probablemente la parte más interesante de este relevo. André Courrèges imaginó cómo podía vestirse un futuro que todavía no existía. Décadas después, Di Felice consiguió evitar que aquella visión terminara convertida únicamente en nostalgia y la conectó con una nueva generación a través de la noche, la música y el cuerpo.
Henry recibe una casa que ya ha completado esas dos vidas.
Por eso volver simplemente a las botas blancas y al Space Age sería insuficiente, pero fabricar una segunda versión del Courrèges de Di Felice tampoco tendría demasiado sentido. Su debut empieza a buscar una tercera posibilidad dentro del mismo archivo: menos perfecta, más colorida y bastante más difícil de resumir en una única imagen.
Hasta la música apunta a que la conexión con la cultura contemporánea continúa ahí. Vegyn, productor que ha trabajado alrededor de algunos de los universos más interesantes del pop y la electrónica de los últimos años, estuvo detrás del sonido del desfile en el Palais de Tokyo. La noche no desaparece. Simplemente deja de ser la única habitación posible.
Y quizá por eso este primer desfile funciona mejor entendido como una apertura que como una declaración definitiva. Henry apenas había tenido unas semanas para preparar su debut y sería precipitado intentar decidir ya qué será Courrèges bajo su dirección.
Pero sí ha dejado clara una cosa: no ha llegado para conservar intacta la fórmula que heredó.
Courrèges ya consiguió volver al club, entrar en la cultura joven y recuperar su capacidad para resultar deseable. Drew Henry empieza ahora con una pregunta bastante más incómoda: qué hacer después de que todo eso ya haya funcionado.
Y quizá la respuesta no esté en imaginar otro futuro perfecto, sino en permitir que Courrèges se ensucie un poco mientras intenta encontrarlo.Courrèges ya conquistó el club. Drew Henry quiere ver qué hay fuera
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