
Astrantia lanza “El dolor que hay ahí afuera”, un single que ya había adelantado previamente, convirtiéndose en uno de los temas más esperados entre quienes la siguen de cerca. Más que un punto de inflexión, el tema es una continuación de la identidad que la artista lleva definiendo desde hace tiempo.
«Los puentes son cada vez más grandes para tenerte»
Desde el inicio del tema, la distancia no se trata únicamente como algo emocional sino también como algo físico. La estructura del puente normalmente implica unión o la posibilidad de un encuentro pero aquí ocurre exactamente lo opuesto. El puente sigue existiendo pero llegar al otro requiere cada vez de más esfuerzo hasta el punto que el propio intento empieza a volverse inútil. El espacio entre ambos empieza a volverse más grande que cualquier intento por encontrarse y esa distancia deja de ser una circunstancia concreta para convertirse en una realidad.
«Quería contarte lo que viví pero lo olvidé»
El tema también gira alrededor de la memoria y como influye en ella un vínculo. Sin esa conexión, toda experiencia empieza a desaparecer incluso dentro de una misma. No porque el recuerdo deje de existir sino porque pierde sentido. El tema también transmite una sensación de disociación. Como si no terminara de procesar del todo lo que está viviendo y únicamente pudiera observarlo con distancia. Algo con lo que convive más que algo que le ocurre. Todo parece sentirse desconectado a pesar de que está conectada por cables. Hay algo invisible (quizás el vínculo o el duelo) que condiciona la forma en que recuerda y piensa, eliminando cualquier distinción entre el espacio y a quién le pertenece.
El pensamiento deja de ser algo propio y necesita de un elemento externo para mantenerse vivo y que termine de construir ese recuerdo

Y ahí es donde el título cobra mayor sentido. “El dolor que hay ahí afuera” plantea el dolor como una presencia constante que contamina todo lo demás. Algo que parece externo pero que termina formando parte de la propia percepción. Y esa desconexión termina afectando incluso la percepción del tiempo. Una de las partes parece quedarse atrapada dentro de una habitación o un recuerdo incapaz de moverse o salir de él.
Lo importante del videoclip no es lo que sucede sino como el desgaste crece mientras no pasa nada
Visualmente, el videoclip refleja muy bien esta idea. Todo está reducido a lo mínimo. Hay una escasez color con el humo y el fondo blanco mientras las tonalidades azules invaden todo el escenario. La sombra de ojos, las pestañas, el diseño de las uñas o las luces. La habitación y las partes del cuerpo se vuelven prácticamente indistinguibles porque están construidas desde una misma gama cromática. Imágenes como el hambre, el hogar o la calma también aparecen y vuelven constantemente dentro de toda esta confusión. Más allá de ser temas de conversación se van acumulando como pensamientos que todavía no terminan de ordenarse del todo ni pueden compartirse.
El vínculo no la define completamente y por eso cobran importancia todos los elementos que rodean la habitación. Son un recordatorio de su identidad

Pero a pesar de la nostalgia y la tristeza, no hay una sensación de completo vacío. Aunque permanece atrapada dentro de sus propios recuerdos, todavía existen detalles que la mantienen conectada consigo misma. Los dibujos, todo lo que ocupa la habitación o la forma en la que termina abrazándose a sí misma. Incluso cuando en algunas tomas aparece sin sus alas. Al final vuelve a llevarlas puestas como si las partes que la definen nunca hubieran desaparecido del todo durante el duelo.
OTROS TRABAJOS RECIENTES DE LA ARTISTA QUE DEBES ESCUCHAR
La artista también forma parte de HoodHoe, un colectivo establecido en Granada centrado en visibilizar y dar voz al talento femenino dentro de la música y la escena underground. Más que un grupo artístico cerrado, HoodHoe es una plataforma de creación colectiva donde distintas artistas desarrollan su propuesta a través de la experimentación y la autonomía. CYPHER VIBORAROOM es uno de los proyectos recientes más representativos del colectivo, realizado por Lyki 222, Solnekra y Anita Döe, también integrantes de HoodHoe, así como Cutie C, DJ del colectivo, y Maria Shadows, encargada de la producción visual.
“El dolor que hay ahí fuera” es un tema que refleja cómo la pérdida puede modificar la forma en la que pensamos o recordamos. Y como la tristeza, aunque no desaparezca de golpe, al exteriorizarla deja de sentirse ajena.

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