
Enfatizo la asertividad de esta frase, porque preguntarlo sería poner en duda nuestro valor a nivel internacional.
España ha sido la cuna de las grandes mentes que conforman lo que conocemos como industria de la moda. Desde diseñadores legendarios como Cristóbal Balenciaga o Paco Rabanne. Referentes clásicos e inigualables, que tuvieron que emigrar a París para que su negocio prosperara y se los reconociera como eminencias dentro de la industria.
Hasta la generación que en los 80 junto a la movida madrileña propulsó nuestras creaciones culturales a niveles internacionales como es el trabajo de Sybilla, Antonio Alvarado o Jesús del Pozo. Nombres que poco a poco van integrándose dentro del imaginario colectivo, después de la desaparición mediática de estos a mediados de la década de los 2000. Necesitamos abrir las escuelas y que estos nombres, juntos a los que definieron la moda franquista, salgan del régimen.
Porque no se puede crear nada nuevo que impacte en el imaginario colectivo de un país desde el ahistoricismo.

Actualmente, las figuras más relevantes a nivel nacional e internacional son Ernesto Naranjo, Paula Cánovas del Vas y Carlota Barrera (entre otros, que juntos conforman #GENSPAIN) que salieron de Central Saint Martins pre-Brexit. La escuela de moda más importante del mundo se ha resentido después del abandono del Reino Unido de la Unión Europea. Se ha visto reflejado en una generación perdida de diseñadores, como son los de la Gen Z que no pueden aspirar a pagar los precios de lujo por atender a la escuela y vivir en Londres.
De todas maneras, hay que estar orgullosos de que cualquier nombre español que entre dentro de ese circuito se le de valor y se promueva su talento, como es el caso de Oriol Clavell, Jacek Gleba (seleccionado dentro de la incubadora de marcas londinense Fashion East) o Alvaro Mars (que diseña para Calvin Klein Collection bajo la dirección creativa de Veronica Leoni).
En los 2000, Inditex se posicionó como el impulsor de la democratización de la moda.

Dejando las firmas de autor (como nos gustan llamar al lujo en España) y adentrándonos en moda más asequible, no nos podemos olvidar del imperio que Amancio Ortega ha construido a lo largo de las décadas. A través de un estudio de los desfiles que se presentaban en las mayores pasarelas del mundo y la adaptación de los códigos estéticos vistos en estas, la democratización de la moda llegó con la creación de prendas para el pueblo llano. Entrar a una tienda de Inditex y saber reconocer la inspiración de cada prenda es algo en lo que los amantes de la moda pensamos bastante.
En la tercera década del nuevo milenio, Marta Ortega está llevando la empresa que fundó su padre a otros niveles. Desde la inauguración de The MOP Foundation en 2022, atrayendo a un público internacional aficionado por la moda a A Coruña, para dar a conocer el trabajo de fotógrafos que han cambiado esta industria. Hasta la implantación de colaboraciones con creativos de la industria como Ludovic de Saint Sernin, Steven Meisel, Kate Moss o Stefano Pilati para elevar la percepción de Zara.

La última jugada de la multinacional gallega ha sido la esponsorización del Halftime Show de la Super Bowl LX, donde todo el mundo tenía puesto la mirada por la relevancia política y social de que un boricua, Bad Bunny, estuviera en el evento deportivo y el espacio publicitario más codiciado del mundo occidental. Por eso, la elección de Zara, por parte de su estilista Storm Pablo, para vestir al artista en su actuación más importante hasta la fecha no es casualidad.
El look como muchos medios han comentado es un golpe en la mesa a la imposición de las marcas de lujo sobre el imaginario colectivo. ¿Dónde está la moda que podemos replicar? ¿Por qué no criticar que artistas colaboren con Chanel o Dior? ¿Por qué criticar a la empresa que más reconocimiento ha dado al país a nivel internacional en los últimos tiempos? ¿Y por qué no criticar el consumo masivo de la sociedad actual en plataformas como Shein?
¿Sienten que la inclusión de una marca España en un evento estadounidense es una forma de neocolonialismo?
Muchas opiniones surgen después de la viralidad de una actuación de esta envergadura, pero lo que queda claro es que Inditex se reafirma como un conglomerado de importancia a nivel mundial. Zara, como marca matriz de la organización, lleva la delantera a sus hermanas. Pero no hay que olvidarse de la inclusión en la lista Q4 Hottest Brand creada por Lyst de Massimo Dutti, entrando por primera vez en la posición 16 por encima de Balenciaga y Skims.
Estos hechos nos da a entender que el grupo empresarial español está posicionándose como impulsor de moda asequible, pero deseable, a nivel global. Resignificando lo que el Made en Spain. En un mundo dónde el fast fashion se está redefiniendo. Y las marcas que lo iniciaron se están alejando de la metodología que inventaron y propulsaron al inicio del milenio.
La sobreproducción es algo contra lo que están trabajando mediante una subida de precios constantes (y aún así existen infinitos hauls de Zara cada temporada ¿alguien puede parar a las chicas de mi FYP?). Esta revalorización de su ropa viene dada por el gran foco mediático que ha tenido en los últimos años la profesión de diseñador de moda. Una suerte o una desgracia para la industria. Puesto que ha generado una cantidad extrema de personas graduadas para una profesión que tiene posiciones finitas.
Nuevos precios, nuevos estándares: la democratización de la industria
Las marcas de streetwear, a la vez que las líneas más altas de Inditex, están revalorizando la concepción del precio de cada prenda. Estas firmas independientes, nacidas de ahorros de jóvenes estudiantes de universidades privadas, van a ser las responsables de establecer estándares de precio en la industria.
A mi parecer, que una sudadera sea vendida en masa por 70€, da pie a que las firmas, de las que hemos hablado antes, puedan aumentar su precio. Piezas que tienen un patronaje innovador y textiles reutilizados pueden verse revalorizadas al masificarse precios altos en prendas normativas, utilizadas por todos.

El caso de Nude Project, Scuffers y Cold Culture es muy destacable. La creación de comunidades artísticas da valor a cada drop. Demna Gvasalia inició esta revalorización de la moda en los comienzos de VETEMENTS. En el caso de las españolas, conectan especialmente con la Gen Z. Una generación que gracias a la formación de estas empresas, está viviendo la moda como se consume de manera internacional.
Se está promoviendo un consumo responsable en los jóvenes, creando deseo en piezas exclusivas y apoyo a proyectos personales de influencers del hoy. Esto genera un campo de cultivo que la próxima generación espero que explote. En sectores que no sean el streetwear, por favor y gracias.
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