«Conocerme va a ser inevitable»: Luna Ki nos habla sobre «Tu Lady» y su nuevo proyecto

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Luna Ki no está estrenando una era como quien presenta un producto terminado. No hay un concepto cerrado ni una estética blindada. Hay un proceso abierto. Un momento vital y creativo que sucede delante de quien escucha. No Soy Diosa fue la primera grieta visible: una canción desnuda, sostenida solo por voz y piano, donde el artificio se cae deliberadamente. Pero no es una promesa de cómo sonará todo lo que viene. Es, más bien, una declaración de intenciones.

“Esta nueva Luna se trata simplemente de mostrar otras partes de mí, que hasta ahora no se habían visto tanto, quizá porque mi obra no la reflejaba o no permitía que se entreviera esa luna. Pero realmente soy más Luna que nunca, y esta música y este álbum significan mucho para mí, y son más Luna que nada.”

No se trata de una reinvención forzada, sino de una exposición consciente. Una decisión de quitar capas sin saber exactamente qué va a quedar debajo. Y eso, en alguien que siempre ha trabajado con exceso, es un riesgo.

A partir de aquí, todo empieza a estrecharse. La conversación deja de hablar de “eras” en abstracto y entra en el cuerpo de las canciones. En el gesto mínimo. En lo que ocurre cuando ya no hay un personaje delante, sino una voz casi sin defensa.

Despojarse del artificio

Reducirlo todo a piano y voz no es solo una decisión estética: es una forma de colocarse frente al espejo sin atajos. Cuando desaparecen las capas, también desaparecen los refugios.

“Ha sido una canción que me ha permitido expresar que no soy perfecta, que tampoco creo que nadie lo sospechase, pero un poco humanizar a la artista, no pretender que todo sea construido o premeditado, sino también espontáneo.”

Elegirla como primer single tampoco fue una jugada estratégica, sino una consecuencia natural del propio proceso.

“Fue la primera que hice del álbum. Tal y como tú dices, en acústico, piano, voz, se permite apreciar muy bien este cambio en mi manera de mostrar mi voz y de componer. Al solo tener dos pistas te obliga a hacer el ejercicio de escucharme. Antes, con tantas capas, tanto escucharme como verme era complicado. Ahora pretendo que se me escuche y se me vea mucho más fácilmente, porque no tengo por qué hacerme ese boycott, no tengo por qué esconderme.”

Pero este disco no se instala en la contención. No es un repliegue hacia lo íntimo como única vía.

Cuando parece que todo se queda en silencio, el movimiento vuelve. El proyecto no se queda quieto en un solo paisaje emocional. Cambia de ritmo, de cuerpo, de energía. Y lo hace sin borrar lo anterior.

Otro pulso, la misma herida

“El segundo single demuestra que vengo con otro tipo de sonido también en el álbum. Hay, por ejemplo, una canción que conserva sus vocales originales, que las grabé yo en mi home studio, una noche. Yo hago música sobre las cosas que me pasan, y en este disco se nota mucho ese retrato.”

En Tu Lady conviven ironía, deseo, brillo y una lectura más vulnerable de lo que parece a simple vista.

“Yo estoy hablando de Rolls Royce y no sabía si era un reloj o un coche, me daba igual, yo hablaba del lujo, y todo lo que quieras yo te lo traigo… Es mentira, no te voy a traer todo lo que quieras, amore, sorry. Pero al final se puede ser tierno y violento a la vez, se puede ser suave y duro a la vez.”

La llamada “luna salvaje” ya no actúa desde el descontrol, sino desde la consciencia.

“La Luna salvaje de antes creo que no sabía lo que quería, quería ser salvaje, quería provocar, pero no sabía ni a quién ni con qué fin, porque era una niña. Yo ahora soy una pedazo de woman que sabe lo que quiere, y si soy salvaje es para atacar a la presa… y para mí mi presa he sido yo misma.que parece que muchas veces soy mi propia enemiga y eso lo dice Lady Gaga, lo dicen grandes sabios, y es así, y yo he necesitado atraparme a mí misma y decir: “niñata, stop”, y bajar las pulsaciones y decir qué sientes realmente, puedes hablar de verdad de lo que sientes realmente y no de las pollas de plástico que acabas de ver en Chueca, por ejemplo.”

Detrás de ese contraste no hay una operación de marketing ni un giro calculado.

Hay una historia concreta. Un momento preciso. Un origen íntimo que explica mucho más de lo que parece sobre cómo trabaja Luna cuando nadie la está mirando.

El origen de “Tu Lady”

“Vatocholo y yo compusimos este tema en nuestra primera cita. Vatocholo y yo fuimos pareja después de esta canción, tiempo después, pero esta fue nuestra primera cita. Él y yo llevamos tres semanas hablando, nos habíamos conocido en un festival, no habíamos podido vernos antes, y en esas tres semanas se formaron muchas ganas de vernos, muchos sentimientos. Cuando tuvimos nuestra primera cita fuimos al cine, luego fue como, ¿qué hacemos?, vamos a casa, y al llegar a casa, en vez de lo que se espera, lo que pasó fue una canción. Estuvimos 24 horas trabajando en ella.”

Aunque el sonido de Luna sea tan bien pulido, ella nos confiesa que los trucos caseros surgen en todos los niveles.

“Yo hice toda la parte de piano, que es mi instrumento, y él hizo el puente de la guitarra. Hizo los bajos en su día porque yo tenía un bajo en casa, él tenía su guitarra, yo tenía mi piano, lo hicimos todo aquí. El piano que suena originalmente en la canción de «Tu Lady«, por muy trabajada que esté, es el piano original que yo grabé esa noche. A pesar de que mi piano permite grabar a través de MIDI, no sabía cómo hacerlo aún, así que me colgué el micro del cuello, puse el piano en máximo volumen y toqué. Con el micro colgado del cuello grabé el piano, y ese es el piano que hay en la canción. La guitarra de Vatocholo tampoco se ha vuelto a grabar, es la guitarra original que se grabó en mi casa en esa cita. La letra es toda mía, y es lo que yo sentía en ese momento.”

Después vendrían productores, estudios y nuevas capas, pero el núcleo quedó intacto.

“La terminé el día de la entrega. Hay que abandonar las canciones. Las canciones no se acaban, se abandonan.”

Antes de que la conversación se adentre en la identidad, Tu Lady aparece también como una pieza clave para entender los límites —y la falta de ellos— de esta nueva etapa. No como una definición cerrada del álbum, sino como una de las muchas puertas de entrada posibles a su universo actual.

Tu Lady es la estética, entonces hay videoclip, hay portada, hay mucho show off en la letra también, hay mucha… no digo superficialidad, porque los mensajes están ahí, pero es más… fácil, no sé. Y cada single tiene un mundo, ¿no? No voy a explorar la estética en todos mis singles, ni mucho menos. En el próximo single, exploro el Benidorm Fest.

Así, Luna entra en un terreno todavía más frágil. El de la identidad, el cuerpo, el género y esa sensación constante de no querer quedarse quieta en ninguna definición cerrada.

Identidad sin conclusión

“Parece que ya no soy non-binary, parece que soy una mujer, pero no sé por qué lo parece exactamente. Yo me estoy refiriendo a mí misma en femenino porque me parece un género divino… pero esta mañana estaba llorando porque no me identificaba como mujer y porque me identificaba como chico, pero realmente es como: whatever.”

La exploración no es solo estética. Es interna, diaria, corporal.

“Ahora mismo estoy explorando mi feminidad, y cuanto más la exploro a nivel estético, lo que sea considerado femenino, whatever, pero que me estoy viendo guapísima y tal, menos me reconozco como mujer, más masculina me siento, más lejos de mi interior me siento de alguna manera, o sea, yo tengo un tío dentro que no me lo aguanto, ¿sabes? Pero eso no significa nada más que soy non-binary, nada nuevo, al final.”

La vulnerabilidad como forma de fuerza

La vulnerabilidad tampoco se plantea como un gesto de debilidad, sino como una forma concreta de fortaleza.

«Quiero que me traiga… Cowboy, Rolls Royce… Por ejemplo.»

Cuando habla de lo que podría traerle esta etapa, primero juega con el imaginario de Tu Lady. Después, lo aterriza.

“No, no quiero un Rolls Royce. Si tuviese, por ejemplo, lo que cuesta un Rolls Royce… No te lo gastarías.No me lo gastaría un Rolls Royce. A saber. Pero seguramente haría como arte mucho más invertido, ¿no? Invertiría más en mi arte. Y también ayudaría a salud mental, a orfanatos… Esas cosas. Acogida, tal… Sí, soy. Total.”

La conversación entra entonces en un terreno especialmente delicado: el de la vulnerabilidad, la exposición emocional y la forma en la que Luna gestiona mostrarse sin que eso la devore por dentro. No como un gesto de debilidad, sino como una forma muy concreta de fortaleza.

“Estoy siendo honesta, sí. Para mí eso es ser fuerte también. La definición de fuerte que tiene mucha gente es como… pues carcasa, fuerza física, estas cosas, ¿no? Yo soy de fuerza mental. Yo creo que no hay que exponerse tampoco demasiado, pero en este caso, a través del arte es el momento.

Al final soy artista y si me dedico a decir gilipolleces teniendo el coco que tengo es una pena, ¿no? En plan, no digo que las haya dicho todo el rato, pero en algún momento sí me he pasado de petarda. No pasa nada. Pero yo no quiero hacer eso con 50 años. Yo con 50 años quiero ser una woman, ¿tú me entiendes? Woman no en el sentido woman, de mujer, ¿sabes? Una pedazo de tía.”

Y cuando piensa en quienes la acompañan desde el principio, no promete una versión cómoda de sí misma:

“Siempre he sido muy abierta, muy cercana, y he dejado que me conozcáis. Pero ahora, conocerme va a ser inevitable.”

Después de escucharla, da la sensación de que Luna Ki no está cerrando un concepto: está abriendo un camino. Un proyecto que avanza por intuición, honestidad y una identidad que sigue mutando sin pedir permiso. Esta era no busca una conclusión; busca movimiento.

Carlos Lucini
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