
MADSHION vuelve a Cultura coincidiendo con una fecha difícil de elegir mejor: 34 años después de su estreno en España, Los Miserables inicia su segunda temporada en el mismo Teatro Nuevo Apolo donde comenzó su historia en nuestro país. Volvemos al teatro desde un lugar que conocemos bien, la música, para acercarnos a un género que durante demasiado tiempo ha parecido quedarse a medio camino entre secciones.
Hay algo bastante curioso en cómo tratamos el teatro musical desde los medios. Tiene música en directo, intérpretes que en muchos casos desarrollan carreras como cantantes, dirección musical, arreglos, sonido y canciones capaces de sobrevivir durante décadas fuera del propio espectáculo. Aun así, rara vez entra en la conversación habitual de los medios musicales.
Quizá por eso Los Miserables sea un buen sitio para que MADSHION vuelva a Cultura.
La noche del 16 de septiembre tenía además una coincidencia difícil de ignorar. Exactamente 34 años antes, el 16 de septiembre de 1992, Los Miserables se estrenaba por primera vez en España en este mismo teatro. Aquel montaje, producido por José Tamayo y Plácido Domingo en asociación con Cameron Mackintosh, llegaba a un país donde el musical todavía tenía mucho terreno por recorrer. Aquella primera noche terminó con más de quince minutos de aplausos. Tres décadas después, la obra sigue aquí.
Y lo hace en un momento especialmente bueno para esta producción. La primera temporada cerró convertida en una de las grandes triunfadoras de la temporada teatral española, con cuatro Premios Talía, nueve BroadwayWorld Spain y un Premio Godot, incluyendo reconocimientos a mejor musical. La segunda arranca, por tanto, sin tener demasiado que demostrar sobre el papel.
Casi tres horas en las que apenas hay silencio
Para quien llegue a Los Miserables sin haber visto antes el musical, como era mi caso, hay algo que sorprende bastante rápido: aquí prácticamente todo se canta.
La historia de Jean Valjean avanza a través de la partitura de Claude-Michel Schönberg y eso hace que la orquesta tenga una importancia enorme. No está esperando a que llegue “la canción” después de varios minutos de diálogo. La música es el vehículo de la función durante prácticamente todo el espectáculo.
Y funciona.
La orquesta consigue tener presencia sin comerse las voces, algo especialmente importante en una obra donde perder una frase puede significar perder también parte de lo que está ocurriendo. Hay momentos enormes, los que cualquiera puede esperar de Los Miserables, pero quizá sorprenden más aquellos en los que la música se retira un poco y deja espacio a un personaje.
También ayuda que el montaje no pare demasiado. Hay muchísimos cambios de localización y, sin embargo, rara vez se sienten como un cambio de decorado. Mientras una escena termina delante, otra empieza a construirse detrás. Cuando te quieres dar cuenta ya estás en otro lugar.
Eso parece sencillo hasta que empiezas a fijarte en todo lo que se está moviendo.
Un escenario oscuro porque tiene que serlo
La iluminación probablemente sea uno de los elementos que más personalidad da a esta producción. Los Miserables es oscuro, a veces muchísimo, y está claro que es deliberado.
Los haces de luz, la niebla y las sombras hacen gran parte del trabajo que en otro montaje recaería sobre decorados mucho más explícitos. Las proyecciones inspiradas en dibujos y pinturas del propio Victor Hugo terminan de construir espacios sin intentar reproducir París de forma literal.
Hay escenas en las que casi parece que estés viendo un plano de cine. No porque haya una pantalla haciendo el trabajo, sino por cómo se recorta a los personajes y cómo aparece profundidad donde físicamente no hay tanta.
La barricada, evidentemente, juega en otra liga. Cuando aparece entiendes parte de la fama de esta producción y también la escala que puede alcanzar el escenario del Apolo. Pero me interesaron casi más algunas soluciones pequeñas. Un cambio de luz, un elemento que entra mientras estás mirando a otra parte o un espacio prácticamente vacío que funciona porque no necesita nada más.
Sí creo que esa oscuridad puede tener un problema dependiendo de dónde estés sentado. Y aquí aparece además una cuestión que no pertenece realmente al escenario.
La mesa técnica situada en platea emite demasiada luz.
Desde las localidades de platea que quedan bajo techo se nota especialmente. En una producción que trabaja tanto con negros y escenas de muy baja iluminación, tener delante una fuente constante de luz procedente de monitores y equipos rompe parte de la adaptación del ojo a la oscuridad. No arruina la función, evidentemente, pero sí resulta molesto y en algunos momentos resta bastante más de lo que debería. Es un detalle técnico aparentemente pequeño que sería bueno revisar.

Un reparto que ya sabe lo que tiene entre manos
Buena parte del reparto principal continúa después de una primera temporada que ha servido para asentar los personajes. Y se nota.
Los Miserables tampoco permite esconder demasiado una interpretación. Al estar prácticamente todo cantado, el reparto tiene que contar la historia mientras resuelve una partitura que no da precisamente mucho descanso.
Pero donde la producción gana mucho es en el conjunto. Las barricadas necesitan gente. Las calles necesitan gente. Las escenas de fábrica, taberna o revolución necesitan que quienes están alrededor de los protagonistas parezcan estar haciendo algo más que esperar su siguiente entrada.
El ensemble aquí tiene muchísimo trabajo y probablemente sea una de las razones por las que el espectáculo mantiene tan bien el ritmo durante casi tres horas.
Esta segunda temporada trae también movimientos interesantes.
Laura Martín asume el papel de Cosette, interpretado durante la primera temporada por Alèxia Pascual. Y entre los estudiantes de la barricada encontramos una incorporación que nos apetecía señalar especialmente: Alberto Zorrilla debuta esta temporada como Joly, precisamente en la función de este 16 de septiembre.
Su llegada se produce después de la salida de Pablo Gómez Jones, que formó parte de la compañía madrileña como primer cover de Marius y ahora ha dado el salto a la producción londinense de Les Misérables, donde interpreta a Joly en el West End.
Que un actor de la compañía española termine en la producción de Londres tampoco debería pasar como un dato menor. Y que ese hueco permita entrar a otro intérprete joven dice bastante de la cantera de teatro musical que existe ahora mismo en España.
Cuando conoces las canciones aunque nunca hayas visto la obra
Hay otra cosa extraña al sentarte por primera vez ante Los Miserables: probablemente ya conozcas parte de lo que vas a escuchar.
Eso juega a favor y en contra. Hay canciones que llegan cargadas con décadas de versiones, grabaciones, películas y actuaciones. Es difícil escuchar I Dreamed a Dream o Do You Hear the People Sing? completamente de cero.
Pero en el teatro recuperan su sitio dentro de la historia. Especialmente esta última. Fuera del musical ha terminado convertida casi en un himno independiente, dentro de la obra vuelve a tener personajes, muertos, miedo y una barricada delante.
Y ahí la orquesta importa otra vez. Cuando toda la compañía entra y el sonido llena el Apolo se entiende bastante bien por qué esta partitura ha aguantado más de cuatro décadas.
También hay algo de exceso, claro. Los Miserables quiere emocionarte y no disimula demasiado sus intenciones. Hay momentos en los que aprieta mucho y alguno puede sentirse incluso demasiado subrayado. Pero sería raro pedirle contención precisamente a Los Miserables. Forma parte del lenguaje con el que lleva funcionando desde 1980.

34 años después, en el mismo sitio
El estreno español de 1992 tenía detrás una intención que hoy resulta interesante recuperar. En aquel momento se hablaba abiertamente de intentar crear afición por el teatro musical en España.
Visto desde 2026, la situación ha cambiado bastante.
Madrid tiene hoy una cartelera de musicales enorme y existe una generación de intérpretes formada específicamente para este tipo de producciones. Algunos terminan trabajando fuera. Otros están empezando ahora. El público tampoco necesita que nadie le explique ya qué es un gran musical.
Que Los Miserables esté otra vez en el Nuevo Apolo 34 años después permite comprobar ese cambio desde exactamente las mismas butacas.
Y para MADSHION también supone volver a un terreno que dejamos aparcado tras nuestro relanzamiento. Cultura regresa a la revista y el teatro musical probablemente sea uno de los lugares más naturales desde los que hacerlo.
Al final seguimos hablando de música. Solo que esta vez hay una barricada delante.
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