Roman Polanski vuelve con una película correcta, pero poco arriesgada

Roman Polanski vuelve a la gran pantalla con El oficial y el espía, una película correcta que a ratos aburre y no termina de convencer por su poca valentía. Sin embargo, tiene varios puntos interesantes dignos de analizar.

La película cuenta la historia verídica del Capitán Alfred Dreyfus (Louis Garrel), un joven y prometedor oficial que es degradado por espiar para Alemania y condenado a cadena perpetua en la Isla del Diablo. Georges Picquart (Jean Dujardin), encargado de dirigir la unidad militar de contra-inteligencia, decide investigar el caso y se da cuenta de que los alemanes siguen recibiendo información secreta- Picquart intentará sacar toda la verdad a la luz.

Parece ser que el director polaco, uno de los mejores directores de la segunda mitad del siglo XX y de lo que llevamos de siglo XXI se está quedando ya sin energía. Asistimos a una película que se ve tradicional, aburrida y con falta de dinamismo. Polanski muestra síntomas de agotamiento y ya no es el mismo de antes. ¿Por qué hacer una película sobre el Caso Dreyfus? Polanski asegura que «la historia de un hombre acusado injustamente siempre es fascinante, pero además es un tema muy actual si tenemos en cuenta el recrudecimiento del antisemitismo».

Polanski firma una obra que pone en duda las acusaciones sobre un soldado francés, pero claramente tiene que ver consigo mismo. El director fue acusado de violar a una joven menor de edad y, tras 40 años, sigue en juicio y con millones de personas que cuestionan sus actos. Esto ha llevado a que muchos espectadores decidan no acudir a ver sus películas. De hecho, en el pasado Festival de Cine de Venecia, Lucrecia Martel (presidenta del jurado) decidió no acudir a la proyección de gala de la película, la cuál formaba parte de la programación. Es curioso porque al final se llevó premio y además fue el Premio del Jurado.

La película cuenta con una estética austera y sencilla que funciona con la temática de la historia, sin embargo también crea un clima frío que si no se trata con cierto dinamismo lo que hace es que te quedes dormido en la butaca. El film tiene un principio y un final potente, pero todo el desarrollo de la película se hace pesado. Cuando entras al cine a ver una película de Polanski, piensas que vas a ver un gran espectáculo cinematográfico en el que se presentan diversos tipos de conversaciones humanistas sobre ética o relaciones humanas, pero esta vez nos ha dejado a todos con las ganas, nos ha defraudado.

Por otro lado, es importante destacar las interpretaciones de Jean Dujardin en el papel de Picquart y Louis Garrel como Alfred Dreyfus. Ambas interpretaciones muy logradas. Louis Garrel está irreconocible con la caracterización y además, los pocos minutos que sale, son lo mejor de la película. Dujardin también está estupendo y consigue salvar la película por momentos. «Roman me exigió mucho», dice el actor. «Quiso que realizara un trabajo de introspección para mi actuación, pero también sobre mí mismo y sobre quién soy. Estuve muy concentrado durante el rodaje, absolutamente concentrado. Roman exige ese tipo de concentración».

La película se estrenará en salas españolas el 1 de enero.

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