‘Ema’, una locura anárquica llevada al cine por Pablo Larraín

Pablo Larraín, uno de los directores chilenos más importantes del momento, nos trae una nueva película después de su famosa Jackie. Una película que, sin ir más lejos, se trata de una representación de la era millenial, con sus pros y sus contras. En este caso, el director parece que se centra más en los contras, pero no queda muy claro. Y esa es la verdadera belleza de este film chileno, esa ambigüedad y crítica hacia los jóvenes y el Reggeaton.

Después de que un traumático incidente desestabilice su vida familiar y su matrimonio con un tempestuoso coreógrafo, Ema (Mariana Di Girolamo), una bailarina de danza moderna, se embarca en una odisea de liberación personal en este drama incendiario sobre el arte, el deseo y los nuevos modelos de familia.

Las películas de Pablo Larraín son un tanto agresivas y violentas emocionalmente hablando. Siempre trata de representar a su país, Chile, y lo hace con cierta frialdad y crítica social. Sobre todo lo podemos ver en sus anteriores películas Tony Manero (2008), Post Morten (2010) o No (2012). Otra característica del cine de Larraín es la perspectiva inusual que le da a los temas que aborda en sus películas.  Turbulentas relaciones amorosas, la dictadura de Pinochet o el arte en general, son sus temas principales.

En esta última película, el eje central es la liberación sexual de la protagonista a través del baile del reggeaton (o derivados). «Antes de esta película no tenía especial interés en el reggeaton», asegura el director. «Pero durante el proceso de producción empecé a conocer sobre el estilo y entendí por qué la generación que se representa en la película escucha esta música. Tiene un ritmo presente en todos lados, como cualquier elemento que viene de la cultura pop. Estás ahí y te sientes forzado a vivir con ello. Es un ejercicio cultural que tiene su propia existencia ética». De hecho, entorno a la mitad de la película hay una reflexión interesantísima sobre el Reggeaton, que no es necesariamente a favor, sino que más bien es una crítica.

La relación de los protagonistas es un tanto caótica. Es el principal elemento que coge Larraín para dar esa sensación anárquica que está presente durante todo el film. Sobre todo está presente en el personaje de Ema, interpretado por Mariana Di Girolamo. Ella está absolutamente estupenda. «Vi una foto de Mariana en un periódico. Quedé con ella en un café para conocerla mejor. Después de diez minutos de conversación le ofrecí el papel principal de la película, el cuál le da título», dice Larraín. «Pensé que tenía un intenso enigma, una poderosa mistificad y que tenía muchos niveles físicos, de intelecto y sensoriales, lo cual se podía abordar desde mucho ángulos. Mariana hace algo muy potente con Ema, porque se convierte en es vehículo cultural de pop-funk que da esa electricidad a la película».

La actriz cuenta con la compañía de otro gran actor, Gael García Bernal. Se trata de un interesantísimo ejercicio de contención que, sin duda alguna, supera con creces. García Bernal logra poner la guinda al pastel con una interpretación sublime. No es de extrañar que nos guste tanto su interpretación ya que con anterioridad ha hecho unas actuaciones estupendas en Amores Perros de Iñárritu, Y tu mamá también de Cuarón o La mala educación de Almodóvar. «Gael es uno de los actores hispano-hablantes más importantes. Es un chico sólido, brillante y un buen amigo. Es un genio. Fue un placer y un honor volver a trabajar con él», comenta su amigo y director. (Ya trabajó con él en No)

No se puede dejar de ir al cine a ver semejante espectáculo audiovisual. No solo por la construcción de sus personajes, su tono caótico o sus brillantes actores, sino para poder admirar su preciosa estética y las creaciones musicales y coreografías que también dejan con la boca abierta.

24 de enero en cines

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