“Cabaret” en Espacio Delicias: mucho espectáculo, poca emoción y un Mario Vaquerizo que no convence

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Por Michaels Mads · 5 de noviembre de 2026

LETSGO transforma el Kit Kat Klub en una experiencia inmersiva visualmente atractiva, pero la falta de conexión dramática y un desacertado Maestro de Ceremonias lastran un montaje que encuentra sus mejores momentos en el elenco y las voces de sus protagonistas.

Hay espectáculos que cuentan con todos los recursos para triunfar y, aun así, no consiguen emocionar. Es lo que sucede con “Cabaret”, la producción de LETSGO dirigida por Federico Bellone que ha convertido Espacio Delicias en un ambicioso Kit Kat Klub donde la espectacularidad termina imponiéndose a la historia.

La propuesta inmersiva funciona visualmente. La disposición de las mesas, la iluminación y la cercanía de los artistas consiguen recrear la atmósfera del Berlín de los años treinta. Sin embargo, durante buena parte de la representación se instala una desconexión difícil de ignorar. Los números se suceden, pero la historia no termina de atraparnos.

Y ahí es donde su Maestro de Ceremonias debería marcar la diferencia.

Mario Vaquerizo: cuando el reclamo mediático no basta

Mario Vaquerizo como Maestro de Ceremonias en Cabaret, con abrigo blanco
Mario Vaquerizo en “Cabaret”. Fotografía: Fabián Morassut.

El pasado 9 de octubre publicamos en MADSHION “Mario Vaquerizo en Cabaret: ¿cuánto vale la formación cuando tienes fama?”, donde cuestionábamos la elección de una figura mediática para uno de los personajes más exigentes del teatro musical.

Entonces evitamos valorar su interpretación sin haber visto el espectáculo. Ahora, después de hacerlo, nuestras reservas no solo se mantienen, sino que encuentran nuevos argumentos.

Hemos dejado pasar cinco días desde la función antes de escribir esta crítica. No queríamos trasladar una primera impresión precipitada ni convertir nuestras reservas anteriores en una sentencia inevitable. Mucho menos elaborar una crítica destructiva. Preferimos dar tiempo a lo visto, valorar sus aciertos y preguntarnos si aquella desconexión que sentimos durante la representación respondía a una reacción puntual o a problemas más profundos del montaje. Cinco días después, nuestra valoración sigue siendo la misma.

Vaquerizo no consigue sostener el peso dramático del Maestro de Ceremonias. Su personalidad reconocible y su extravagancia pueden funcionar como reclamo publicitario, pero sobre el escenario no se traducen en una interpretación con los matices que exige el personaje.

Especialmente preocupante resulta su incapacidad para reconducir la desconexión que atraviesa la función. El Maestro de Ceremonias debería dominar el ritmo, recuperar la atención del público y conducirlo desde el desenfreno hasta la inquietud. Vaquerizo, sin embargo, parece limitarse a reproducir su propio personaje mediático.

No basta con ser extravagante para interpretar a alguien extravagante.

La responsabilidad, en cualquier caso, también corresponde a LETSGO, que ha apostado por la notoriedad de un rostro conocido para un papel que requiere una preparación artística muy específica.

Mario Vaquerizo con sombrero y billete en Cabaret, Espacio Delicias
Mario Vaquerizo como Maestro de Ceremonias. Fotografía: Fabián Morassut.

Un elenco que merece mucho más reconocimiento

Afortunadamente, no todo en este “Cabaret” resulta decepcionante. El cuerpo de baile constituye uno de sus grandes aciertos, especialmente sus bailarinas, que aportan energía, precisión y una presencia escénica capaz de revitalizar los números musicales.

También destacan Laia Prats y José Pastor, encargados de interpretar a Sally Bowles y Clifford Bradshaw. Sus voces se encuentran entre los elementos más sólidos de la producción y aportan una calidad musical que contrasta con las debilidades de otros momentos del montaje.

Ambos consiguen que sus intervenciones tengan una fuerza propia, recordándonos el talento que existe detrás de una producción cuyo principal reclamo mediático termina eclipsando injustamente a buena parte de sus profesionales.

La música en directo, el vestuario y la cuidada ambientación completan los aspectos más logrados de una propuesta que, técnicamente, demuestra tener recursos suficientes para aspirar a mucho más.

Un “Cabaret” que olvida lo que sucede fuera del club

El problema de fondo es que “Cabaret” no debería limitarse a recrear una fiesta provocadora. Su historia utiliza el hedonismo del Kit Kat Klub para mostrar cómo una sociedad continúa divirtiéndose mientras el nazismo avanza y sus libertades comienzan a desaparecer.

Ese contraste, fundamental para comprender la obra, pierde fuerza en una puesta en escena demasiado pendiente de su propia espectacularidad.

La cercanía física con los intérpretes tampoco garantiza la implicación emocional. Podemos tenerlos a escasos metros y, sin embargo, sentirnos completamente alejados de lo que están contando.

El resultado es una producción visualmente atractiva, con un elenco que ofrece momentos de indudable calidad, pero incapaz de alcanzar toda la intensidad dramática que merece este clásico.

Hace unas semanas nos preguntábamos cuánto valía la formación cuando se tenía fama. Hoy, después de ver “Cabaret”, seguimos pensando que el talento y el oficio deberían pesar bastante más que la popularidad en determinadas decisiones artísticas.

Porque una cara conocida puede vender entradas, pero son los profesionales sobre el escenario quienes tienen que conseguir que el espectáculo merezca la pena.

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