Crítica de «Querido Evan Hansen»: cinco estrellas para un musical que nos obliga a mirar donde no queremos

Featured image for “Crítica de «Querido Evan Hansen»: cinco estrellas para un musical que nos obliga a mirar donde no queremos”

Por Michaels Mads · 22 de octubre de 2026

★★★★★+ | MADSHION — Crítica teatral

Guillermo Martín encabeza un elenco de una calidad vocal extraordinaria en una producción que convierte la soledad, la ansiedad y la necesidad de sentirse querido en una experiencia teatral difícil de olvidar. La llegada de «Querido Evan Hansen» al Teatro Rialto de Madrid demuestra que el teatro musical también puede enfrentarnos a las conversaciones que todavía evitamos.

Guillermo Martín y Elvira Santa María como Evan Hansen y Zoe Murphy, frente a las proyecciones de redes sociales.
Guillermo Martín y Elvira Santa María en una escena de «Querido Evan Hansen», rodeados por las proyecciones digitales que forman parte de la puesta en escena. Fotografía: Michaels Mads / MADSHION.

Hay musicales que entretienen, otros que emocionan y algunos que consiguen que el público salga del teatro haciéndose preguntas que probablemente nunca se había atrevido a formular. Querido Evan Hansen pertenece a este último grupo.

La producción que llega al Teatro Rialto de Madrid, dirigida por David Serrano, reúne una combinación difícil de encontrar: un elenco extraordinario, una puesta en escena inteligente y una historia que aborda sin demasiados rodeos algunos de los asuntos más incómodos de nuestra sociedad.

La ansiedad, la depresión, el suicidio, la soledad y la necesidad de pertenecer atraviesan una obra que no se conforma con provocar lágrimas. También nos invita a cuestionar cuánto sabemos realmente de las personas que tenemos cerca y hasta qué punto somos capaces de reconocer su sufrimiento.

Con libreto de Steven Levenson y canciones de Benj Pasek y Justin Paul, el musical encuentra en su adaptación española una producción que funciona con una precisión admirable. Durante la representación cuesta encontrar una decisión artística que no contribuya a contar mejor la historia.

Y eso, en una obra de semejante complejidad emocional, tiene mucho mérito.

Guillermo Martín sostiene una interpretación extraordinaria

Interpretar a Evan Hansen exige mucho más que una buena voz. El protagonista vive atrapado entre la ansiedad social, el miedo al rechazo y una necesidad desesperada de sentirse aceptado. Su dificultad para relacionarse condiciona cada conversación, cada gesto y cada decisión.

Guillermo Martín construye un Evan convincente desde esa incomodidad permanente. Su interpretación permite reconocer a un adolescente que parece pedir disculpas incluso cuando no ha hecho nada malo, alguien que lucha por encontrar las palabras mientras intenta descifrar cómo debería comportarse ante los demás.

Su trabajo resulta especialmente valioso porque no convierte la ansiedad en una sucesión de gestos exagerados ni pierde la vulnerabilidad del personaje cuando la historia empieza a adquirir una dimensión mucho mayor.

A ello se suma una interpretación vocal sobresaliente. Martín afronta una partitura exigente en la que cantar no puede separarse de actuar. Las canciones prolongan aquello que Evan no consigue expresar hablando y el intérprete consigue que ambas dimensiones convivan con naturalidad.

Guillermo Martín como Evan Hansen durante una intervención ante el micrófono.
Guillermo Martín interpreta a Evan Hansen durante una de las escenas del musical. Fotografía: Michaels Mads / MADSHION.

Mención especial merece Iván Clemente, encargado de dar vida a Connor Murphy. Aunque su personaje desaparece físicamente al comienzo de la historia, su presencia continúa siendo fundamental durante toda la representación.

Clemente se mueve con soltura entre registros muy distintos. Por momentos aparece como el amigo idealizado que Evan necesita imaginar, participando en escenas casi idílicas, como la elaboración de las cartas que supuestamente intercambiaban. En otros, esa misma presencia se vuelve mucho más inquietante y emocionalmente intensa.

Connor termina funcionando también como una proyección de los conflictos internos de Evan, capaz de confrontarlo con verdades que el protagonista todavía no se atreve a reconocer.

Esa dualidad está defendida con una sensibilidad admirable, evitando que sus apariciones se conviertan en un simple recurso narrativo.

El resto del elenco mantiene un nivel igualmente notable. Elvira Santa María aporta sensibilidad a Zoe Murphy, mientras Verónica Ronda y Lorena Calero construyen dos maternidades muy diferentes, ambas atravesadas por el miedo y la dificultad para comprender a sus hijos.

Armando Pita, Arnau Camps y Jessica Garcés completan un reparto en el que los personajes secundarios nunca parecen limitarse a acompañar al protagonista. Todos tienen sus contradicciones, sus heridas y una función esencial dentro del conflicto.

La dirección musical de Joan Miquel Pérez permite que las composiciones de Pasek y Paul encuentren su espacio sin perder fuerza dramática. La calidad vocal conjunta es uno de los grandes argumentos para recomendar esta producción.

Una puesta en escena que demuestra que menos puede ser mucho más

La escenografía de David Pizarro es otro de los grandes aciertos del montaje madrileño.

Con un número relativamente reducido de elementos, la producción consigue diferenciar los espacios donde transcurre la historia y resolver las transiciones con una fluidez que evita interrumpir el ritmo narrativo.

No necesita construir enormes decorados independientes para representar cada estancia. Las puertas, ventanas, muebles y distintos elementos escénicos permiten identificar los entornos sin desplazar la atención de lo verdaderamente importante: los personajes.

A esta sencillez se suma un diseño audiovisual que representa con acierto el peso de las redes sociales en la historia. Las pantallas y proyecciones, diseñadas por Emilio Valenzuela y Joan Rodón, transforman el escenario cuando la intimidad de Evan comienza a convertirse en un fenómeno colectivo.

La iluminación de Carlos Torrijos contribuye a distinguir los momentos de mayor intimidad de aquellos en los que el protagonista se encuentra expuesto a la mirada de cientos de personas.

Lo interesante es que la tecnología nunca termina imponiéndose a la interpretación. El montaje sabe cuándo llenar el escenario de estímulos y cuándo devolver toda la atención a un personaje que apenas necesita moverse para transmitir lo que está sintiendo.

La familia Murphy observa mensajes en sus teléfonos ante proyecciones de redes sociales.
La familia Murphy frente a la repercusión digital de la historia de Connor. Las proyecciones forman parte del lenguaje visual del montaje. Fotografía: Michaels Mads / MADSHION.

La soledad y la necesidad de convertirse en alguien que merezca ser querido

Más allá de su calidad artística, el mayor valor de Querido Evan Hansen se encuentra en el terreno psicológico.

Evan es un adolescente que apenas consigue relacionarse con los demás. Su ansiedad condiciona su vida cotidiana y su dificultad para establecer vínculos lo lleva a experimentar una profunda sensación de aislamiento.

Cuando una carta escrita para sí mismo acaba en manos de la familia de Connor Murphy, fallecido recientemente, un malentendido se convierte en el comienzo de una historia que crece muy por encima de lo que podía imaginar.

Evan descubre que, por primera vez, otras personas parecen necesitarlo. Lo escuchan, lo buscan y quieren compartir su tiempo con él.

La mentira le permite acceder a una realidad en la que se siente importante, valorado y querido.

Pero también plantea una cuestión psicológica especialmente dolorosa: ¿qué ocurre cuando alguien llega a creer que necesita convertirse en otra persona para merecer afecto?

La necesidad de aprobación, la vergüenza, el miedo al rechazo y la autoestima condicionada pueden llevar a desarrollar comportamientos destinados a proteger una imagen de nosotros mismos que consideramos más aceptable.

El problema aparece cuando esa imagen se vuelve imprescindible para mantener nuestras relaciones. Cuanto más depende Evan de ella, más miedo tiene de perder todo lo que ha conseguido.

La obra no justifica sus decisiones, pero permite entender cómo determinadas necesidades emocionales, combinadas con el miedo y la dificultad para afrontar las consecuencias, pueden desembocar en situaciones profundamente destructivas.

Y es precisamente esa capacidad para mostrar la complejidad del sufrimiento psicológico lo que convierte al musical en una experiencia tan necesaria.

ATENCIÓN: a partir de este punto, la crítica aborda acontecimientos importantes de la trama y su desenlace.

«Te encontrarán»: la promesa que la propia historia pone en duda

Quizá la mayor contradicción de Querido Evan Hansen se encuentre en su canción más esperanzadora.

«Te encontrarán» promete que nadie permanecerá invisible, que siempre habrá alguien dispuesto a tender una mano y que incluso en los momentos más oscuros existe la posibilidad de recibir ayuda.

Sin embargo, la historia nos presenta dos realidades que cuestionan esa promesa.

Connor muere por suicidio sin que las personas de su entorno hayan conseguido comprender la profundidad de su sufrimiento. Evan, por su parte, alcanza la aceptación que tanto necesitaba, pero termina viendo cómo la mentira sobre la que había construido sus relaciones se derrumba.

Dos personajes, dos formas diferentes de soledad y una misma necesidad de ser vistos.

La contradicción adquiere todavía más fuerza cuando conocemos la verdad sobre la caída de Evan del árbol.

Lo que inicialmente parecía un accidente fue en realidad un intento de quitarse la vida. Evan se soltó deliberadamente y permaneció en el suelo sin que nadie acudiera a ayudarlo.

De pronto, la amistad que había inventado con Connor y aquel recuerdo idílico en el que alguien estaba a su lado cobran un significado completamente diferente.

Evan no solo había imaginado una amistad. Había construido una versión de uno de los momentos más dolorosos de su vida en la que, esta vez, no estaba solo.

Iván Clemente defiende con enorme intensidad el instante en que Connor confronta al protagonista con esa verdad, convirtiendo la escena en uno de los momentos psicológicamente más impactantes de la representación.

Y entonces la pregunta resulta inevitable: ¿de qué sirve repetir que nadie está solo si seguimos sin reconocer el sufrimiento de quienes tenemos delante?

La obra también introduce otra contradicción profundamente contemporánea. La historia de Evan llega a miles de personas a través de las redes sociales, genera mensajes de apoyo y moviliza a una comunidad entera.

Pero la visibilidad no equivale necesariamente al acompañamiento.

Podemos recibir cientos de mensajes de cariño y seguir sintiéndonos solos. Podemos formar parte de una iniciativa solidaria sin que nadie conozca realmente nuestros problemas.

Por eso «Te encontrarán» funciona tanto como una promesa esperanzadora como una advertencia sobre todo lo que todavía nos queda por aprender.

Cuando incluso la solidaridad esconde nuestras propias necesidades

Uno de los aspectos más interesantes del musical es que prácticamente ninguno de sus personajes está libre de contradicciones.

Alana Beck encuentra en el Proyecto Connor una oportunidad para ayudar a los demás, pero también un espacio donde sentirse importante y reconocida.

Jessica Garcés interpreta a un personaje cuya aparente seguridad y compromiso pueden esconder una necesidad de pertenencia no muy diferente de la que experimenta Evan.

Sus decisiones nos invitan a cuestionar hasta qué punto la solidaridad puede terminar mezclándose con la búsqueda de protagonismo, especialmente cuando una causa adquiere visibilidad pública.

Jared Kleinman, interpretado por Arnau Camps, representa otra forma de afrontar la soledad.

Detrás del sarcasmo, las bromas y su insistencia en que Evan no es realmente su amigo, encontramos a alguien que también necesita sentirse acompañado, aunque no parezca dispuesto a reconocerlo.

Su actitud puede leerse como un mecanismo de protección emocional: restar importancia a una relación para evitar mostrar cuánto significa.

Y cuando Evan comienza a alejarse, esa aparente indiferencia termina dejando al descubierto sus propias inseguridades.

Guillermo Martín interpreta a Evan Hansen en una escena con otra intérprete.
Una de las escenas que explora la dificultad de Evan para conectar con quienes lo rodean. Fotografía: Michaels Mads / MADSHION.

Ni siquiera Heidi, la madre de Evan, escapa a este retrato de las contradicciones humanas.

Interpretada por Verónica Ronda, representa un amor auténtico que convive con el agotamiento, la culpa y el miedo a no poder ofrecer a su hijo las oportunidades que merece.

Cuando los Murphy, una familia económicamente acomodada, se ofrecen a financiar los estudios universitarios de Evan, Heidi reacciona desde una mezcla de orgullo, desconfianza y temor a ser desplazada.

La diferencia de clase introduce una tensión que revela hasta qué punto el amor también puede estar condicionado por nuestras propias inseguridades.

Al mismo tiempo, la oferta de los Murphy nace de una relación construida sobre una mentira, lo que convierte el conflicto en algo mucho más complejo que una simple oposición entre una madre orgullosa y una familia generosa.

La obra plantea así una cuestión incómoda: querer a alguien no significa necesariamente saber acompañarlo.

A veces estamos tan preocupados por demostrar que hacemos lo correcto que dejamos de escuchar qué necesita realmente la otra persona.

Y quizá esa sea una de las verdades más difíciles de aceptar de Querido Evan Hansen. Todos sus personajes necesitan ser comprendidos, pero muchos fracasan al intentar comprender a los demás.

Zoe Murphy y la posibilidad de encontrar algo bueno después del daño

Zoe, interpretada por Elvira Santa María, aporta otra perspectiva fundamental a la historia.

Su relación con Connor estuvo marcada por el conflicto y la dificultad para sentirse querida por su hermano. Tras su muerte, se encuentra rodeada de personas que parecen necesitar construir una imagen de él que no coincide necesariamente con sus propios recuerdos.

En ese contexto, Evan aparece como alguien capaz de escucharla y reconocer sus sentimientos sin exigirle que recuerde a Connor de una manera determinada.

El vínculo que surge entre ambos se convierte en una de las partes más delicadas de la obra, precisamente porque los sentimientos pueden ser sinceros incluso cuando la relación está condicionada por una mentira.

Cuando Zoe descubre la verdad, el daño no desaparece por el hecho de que Evan también haya estado sufriendo.

Y ahí reside una de las decisiones más acertadas del desenlace.

Zoe no necesita recuperar su relación con Evan ni justificar lo sucedido para reconocer que, a pesar de todo, algo positivo ha conseguido permanecer.

Guillermo Martín y Elvira Santa María en una escena romántica de Querido Evan Hansen.
Guillermo Martín y Elvira Santa María durante una de las escenas de Evan y Zoe. Fotografía: Michaels Mads / MADSHION.

El encuentro final entre ambos introduce una idea que evita convertir el musical en una tragedia sin salida: nuestras decisiones pueden provocar daño y, aun así, es posible asumir sus consecuencias y encontrar una manera de seguir adelante.

Ese mensaje adquiere una dimensión visual especialmente poderosa gracias a la escenografía.

Después de una representación que ha apostado por una utilización contenida de los decorados, la aparición final de los manzanos transforma el escenario.

Es un momento que funciona precisamente porque el montaje no ha necesitado recurrir constantemente a grandes despliegues visuales.

La sencillez anterior hace que esa última imagen resulte mucho más grande, cargada de significado y profundamente emocionante.

No se trata de borrar lo ocurrido ni de presentar el sufrimiento como algo necesario para alcanzar un resultado positivo. Se trata de reconocer que la reparación, aunque sea parcial, también forma parte de la experiencia humana.

¿Está preparado el público para escuchar lo que cuenta Querido Evan Hansen?

Si hay algún interrogante que deja esta producción, no tiene que ver con su calidad artística, sino con la disposición del público para enfrentarse a lo que plantea.

En una sociedad donde hablar abiertamente de salud mental todavía resulta complicado en muchos entornos familiares, Querido Evan Hansen coloca sobre el escenario realidades que con demasiada frecuencia permanecen escondidas detrás de las puertas de casa.

Es una obra que merece ser vista por padres e hijos, precisamente porque ambos pueden reconocerse en determinados comportamientos, identificar patrones de incomunicación y descubrir que incluso las decisiones tomadas desde el amor pueden terminar haciendo daño.

Pero también puede resultar una experiencia incómoda.

¿Qué ocurre cuando una familia que nunca habla de depresión, ansiedad o suicidio se encuentra sentada frente a una historia que aborda estas cuestiones sin apartar la mirada? ¿Y qué sucede cuando padres e hijos reconocen en el escenario algunos de los comportamientos que reproducen en su propia convivencia?

Quizá esa incomodidad sea una de las mayores virtudes del musical.

No porque el teatro tenga la obligación de resolver conflictos familiares ni porque una representación pueda sustituir la atención psicológica profesional, sino porque puede convertirse en el comienzo de conversaciones que fuera de sus paredes nunca llegan a producirse.

También conviene recordar que el suicidio y el sufrimiento psicológico son fenómenos complejos, que no pueden explicarse a través de una única causa, una relación familiar o la ausencia de una persona concreta.

La obra invita a reflexionar sobre factores como el aislamiento, la vergüenza, el miedo al rechazo o las dificultades para pedir ayuda, pero ninguna de esas circunstancias determina por sí sola el desenlace de una vida.

Por eso el mensaje del musical merece ser acompañado de una reflexión responsable, alejada de la romantización del sufrimiento o de la idea de que el amor, por sí solo, puede solucionarlo todo.

Salir emocionado del teatro no garantiza que sepamos escuchar mejor a quienes nos rodean. La verdadera utilidad de su mensaje empieza cuando termina el aplauso.

Veredicto: cinco estrellas para un musical que merece ser escuchado

Resulta difícil encontrar un punto débil en la producción madrileña de Querido Evan Hansen.

Guillermo Martín firma una interpretación protagonista extraordinaria, Iván Clemente aporta una intensidad dramática fundamental y el resto del elenco responde con una calidad vocal y actoral que sostiene la historia de principio a fin.

La dirección de David Serrano encuentra el equilibrio entre el drama, los momentos de humor y las escenas de mayor vulnerabilidad. La escenografía utiliza sus recursos con inteligencia y reserva sus momentos más impactantes para cuando realmente pueden aportar algo a la narración.

Pero la mayor virtud de esta producción es que consigue utilizar todas esas herramientas para contar una historia que importa.

No es simplemente un musical sobre un adolescente que miente para sentirse querido. Es una reflexión sobre una sociedad en la que casi todos necesitamos ser vistos, pero demasiadas veces olvidamos mirar a los demás.

Una obra que recuerda que la soledad puede existir dentro de una familia, de una amistad, de una relación sentimental e incluso en medio de miles de personas que aseguran estar pendientes de nosotros.

Por eso no necesita un final completamente feliz para transmitir esperanza.

Y tampoco necesita ofrecer soluciones sencillas a problemas que no las tienen.

Querido Evan Hansen llega a Madrid con una producción artística sobresaliente y una historia capaz de trascender el escenario. Una de esas experiencias que merecen ser recomendadas no solo por lo que sucede durante la función, sino por las preguntas que permanecen después.

Porque «Te encontrarán» promete que nadie está solo.

Pero quizá la pregunta que deberíamos hacernos al salir del teatro sea mucho más importante: ¿estamos haciendo lo suficiente para encontrar a quienes todavía no saben cómo pedir ayuda?

VALORACIÓN MADSHION: ★★★★★+ — 5/5

Los ocho intérpretes del elenco de Querido Evan Hansen sobre el escenario del Teatro Rialto.
El elenco de «Querido Evan Hansen» durante la representación en el Teatro Rialto de Madrid. Fotografía: Michaels Mads / MADSHION.
Compartir:

Sigue leyendo...